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lunes, 19 de octubre de 2020

¡NO HIJA, NO! Es injerencia, no censura

Hace unos años (2016) advertí en este mismo blog sobre la deplorable situación que atravesaba el Museo Patio Herreriano el cual, escribía entonces, había caído “sobre la mesa de plenos del Ayuntamiento de Valladolid” para convertirse “en pasto de pendencias políticas”.

Hay que reconocer que el paso de los años ha logrado poner de acuerdo a todos los grupos políticos. La pena es que se han conciliado para permitir, por acción u omisión, una nueva injerencia en el museo por vía de la imposición en sus salas de una muestra de Cristóbal Gabarrón. Si no están al día de la polémica y quieren acercarse a ella lean la admirable investigación de Elena Vozmediano.

Efectivamente, todos están de acuerdo en la jugarreta. Por una parte se encuentran los que pertenecen al equipo de gobierno: los unos, prietas las filas bajo el palio del talante sin osar importunar al cabecilla, y los otros, compañeros de viaje que saben que no conviene moverse demasiado en la foto de otro. Por otro lado, en el tendido diestro no son de abrir mucho los armarios para que no se vean los propios esqueletos, y a ellos se suman los que no se arriman por no saber si más arriba están de acuerdo y los que no saben si cargar al oír la palabra cultura.

No voy a calificar la obra de Gabarrón porque no entiendo de arte contemporáneo. La diferencia con otros es que yo lo reconozco y me fío de quienes se dedican a ello, que son muchos y valiosos, empezando por los propios artistas. Pero por si alguien no conoce al autor pueden encontrar cosas sobre él en esta valoración de Juan José Santos Mateo.

Hoy me dirijo al lector porque, desde el Ayuntamiento de Valladolid, la persona competente en la cosa (“competente” en el sentido de ostentar competencias y “la cosa” en el doble sentido de asunto y engendro) se ha manifestado en la prensa local. Y lo ha hecho para decir que quienes hablan de injerencia no son más que censores, procedentes del entorno del director del museo, que atacan la libertad de gestión municipal amparada por la legalidad y avalada por las urnas. Es decir, la triste y eterna historia de la legitimidad y del cheque en blanco electoral, con los toques afrutados del victimismo.

Yo, que no soy del entorno del director ni mucho menos sospechoso de querer sacar provecho político de esto, querría rechazar estos planteamientos con el respaldo de muchos años entre vitrinas, almacenes y burocracias museales, donde he visto tanta arbitrariedad que ya es difícil sorprenderme. No obstante, siempre he intentado mantener una posición independiente que he manifestado cuando me ha parecido (aunque me hayan hecho poco caso), del mismo modo que he procurado aplicar mi concepción del museo en todos los planes, textos, normas, reuniones o parlamentos en los que he participado. Habrá quien sepa distinguir esa huella en esos documentos y, aunque no sea relevante y esté al albur de los políticos que envician lo que tocan, al menos ahí queda y espero que algún día dé frutos.

Cierto es que ni el libelo concejil ni mi apología museal pasarán a la posteridad. El primero porque se perderá en el tiempo como páginas de hemeroteca y el segundo porque sólo es un ejercicio para mi propio solaz. De hecho, las obras y acciones de un sencillo concejal o de un mero ciudadano no tienen más trascendencia que la ofuscación generada por el deslumbramiento que otorga el poder temporal de un par de legislaturas. Si ni siquiera la memoria de un notable concejal, ministro y presidente del Consejo de Ministros está libre de la damnatio memoriae ¡cómo no lo van a estar las acciones de un jugueteo consistorial de provincias!

A mi parecer la munícipe ha cometido el error, o el atrevimiento por desconocimiento, de confundir crítica con censura, que la segunda es más un ejercicio del poder que del pueblo. A lo mejor lo hace por estar acostumbrada a palmas y refrendos en despachos, antesalas, agrupaciones o inserciones en regaladas rotativas, de modo que cree advertir un ataque en lo que no es más que un ejercicio ciudadano de protesta y una exigencia de rendición de cuentas, los cuales se pueden y deben hacer en el momento en que los hechos suceden, sin esperar a convocatorias electorales. Cuando, además, la crítica es razonada y en ella convergen las principales asociaciones nacionales relacionadas con el arte contemporáneo, artistas de prestigio, críticos de arte, profesionales de museos, los propios miembros del jurado que seleccionó al actual director y variados agentes de la cultura, lo menos que se puede hacer es tratar de razonar dónde se encuentra el problema, en lugar de agitar el látigo de la arrogancia y exhibir capacidades que no se tienen. 

Pues sí, la muestra de Gabarrón en el Museo Patio Herreriano es una injerencia. Y puede que no lo sea porque se quiera imponer una exposición, ni tampoco por la trayectoria del artista en cuestión, sino que lo es por el simple hecho de haber obligado a levantar una exposición para colocar otra, lo cual ha atentado gravemente a la autonomía programática del director, ha ultrajado gravemente al prestigio y a la obra de Eva Lootz y ha despreciado la confianza que los votantes concedieron a la propuesta ofrecida por su partido. En veinticinco años de profesión solamente me he tropezado con dos personas que quisieran adelantar la clausura de una exposición: a la primera se le pudo hacer entrar en razón con los sencillos argumentos de que las exposiciones no se cierran anticipadamente, en todo caso se prorrogan, y de que la prensa no iba a amparar tamaña tropelía. Lamentablemente la deriva moderna nos ha traído a un escenario en que un responsable político no dispone de asesores que le expliquen cómo hacer las cosas (o peor, que los ignore) y en el que la prensa no solamente no observa un papel vigilante de las buenas prácticas en las instituciones, sino que es cómplice de sus diatribas inconscientes. Sí, señores, nuestros políticos antes temían a la prensa. Qué habrán hecho unos y otros para que ya no sea así.

Pero no solamente es una injerencia, sino que es un rosario de menosprecios: a Eva Lootz, como he dicho; a los artistas que carecen de patrocinadores políticos y no pueden exponer en los museos más que a través de los criterios técnicos de sus programadores; a los ciudadanos que han confiado en su programa y en la aplicación de buenas prácticas ajenas a antojos políticos; al jurado que seleccionó al director y que con su decisión respaldó el proyecto curatorial y que de haber sabido que iba a ser intervenido quizá habría declinado su participación; al propio director y a su autonomía de gestión, sin más; al programa electoral municipal de su partido que quería hacer del Patio Herreriano un museo de referencia europeo (¿referente en amputar exposiciones e imponer programaciones?); y a la gestión eficaz de una institución pública, que presupuesta actividades para un período concreto para luego cerrarlas anticipadamente (¿acaso hemos gastado de más sin motivo?).

Foto Zarateman, CC0, via Wikimedia Commons

No deja de sorprenderme la intrepidez de pergeñar una exposición en un museo a base de amalgamar a unos ofertantes externos, un área administrativa municipal, una fundación a la que solamente se recuerda por una turbadora espantada en la ciudad y un comisario universitario,  y que se empotre en la programación de “un museo de referencia europeo” bajo los argumentos del mejor servicio a los intereses de la ciudad; eso sí, sin asomo de informes técnicos al respecto, que ya que nos ponemos no parecen existir. Me maravilla porque siempre he pensado que los intereses ciudadanos se sirven facilitando presupuestos dignos a las instituciones, dotándolas de personal suficiente y adecuado, evaluando la gestión con indicadores cualitativos más allá de meras estadísticas de visitas, garantizando la independencia y autonomía de sus directivos, siendo transparentes en todas las decisiones que se toman, ganándose la confianza de sus usuarios y, en el caso de los museos, permitiendo que cumplían su misión. Y la misión del museo no es, por supuesto, acoger cumbres internacionales, actividades culturales aleatorias y ajenas a su plan museológico, ser un museo multifuncional, o pretender que sea un centro cívico con chorreras. La actividad ajena que alberga un museo es un complemento, una manera de equilibrar presupuestos o de habilitarlo como espacio de encuentro y atracción para conseguir otros objetivos. El evento es siempre un medio, nunca un propósito porque, de otro modo, el museo no es más que un matadero cultural, como decía G.H. Rivière. Alguien que sí ha dejado huella en la posteridad.

No conozco a Javier Hontoria, ni sabía de su existencia antes de verlo en los papeles, y desde luego no envidio el trago por el que debe pasar. No voy a ser yo quien sugiera lo que debería hacer, pues si se va puede parecer que deja el problema a otra persona que luego empezaría cuestionada su labor y quedarse puede ser visto como una claudicación; en ambos casos pierde el Museo Patio Herreriano, pero cualquier cosa que haga bien estará. Como yo mismo no sé qué haría, solamente quiero manifestarle mi apoyo como colega de profesión y como empleado público. Va a necesitar en el futuro mucha presencia de ánimo para convencer a futuros artistas de que el centro es capaz de mantener sus compromisos, mucho esfuerzo para convencer al sector privado de que sus posibles inversiones tendrán el retorno pactado y al margen de intromisiones, de que el Museo Patio Herreriano no se va a usar como un bonito telón de fondo para fotografías de ediles, incluso para que la Colección de Arte Contemporáneo…, bueno, dejémoslo ahí. Mucha energía para convencer de que lo que ahora se hace es una anécdota en lugar de una práctica habitual y para persuadir de que esta última época, que nacía bien auspiciada con un comodato renovado y una dirección elegida bajo un concurso público al amparo de las buenas prácticas, no es un nuevo episodio de un museo que ha acabado siendo una patata caliente que se ha ido traspasando de mano en mano a través de las legislaturas.  

Una cosa. ¿Se imaginan al Meadows Museum de Dallas llamando para adelantar la salida de los Berruguetes con un “se los devuelvo, que tengo un plan mejor y quiero hacer sitio”? 

Pero qué sabré yo de esto, que no me han elegido legítimamente ni asumo responsabilidades por ciencia infusa.

jueves, 6 de octubre de 2016

La banda del Patio


El Museo Patio Herreriano ha caído recientemente sobre la mesa de plenos del Ayuntamiento de Valladolid y se ha convertido en pasto de pendencias políticas. Repentinamente ha pasado a estar en boca de todos y no por buenos motivos.

Para poneros en situación os contaré que la cosa del Patio Herreriano comenzó hace unos pocos años, durante la burbuja, cuando todas las grandes ciudades españolas querían su “Guggen” y, a nivel regional, se competía por tener museo de arte contemporáneo propio, para unirlo al aeropuerto propio o a la universidad propia, en esa carrera de méritos provincial que tanto nos gusta por aquí. Así que se tomó un edificio, se rehabilitó, y se le inyectó junto al cemento una colección convenientemente apadrinada, un presupuesto profuso y un plan director. Ya se opinaba, a quien quería oírlo, que el Museo nacía hipotecado al comodato de la Asociación Colección Arte Contemporáneo, pero a nadie pareció interesar el riesgo evidente de sufrir una deslocalización de ésta; eran tiempos de vino y rosas.

Todo este conglomerado se fue diluyendo con los años, a base de cada vez más magros presupuestos (incluyendo rescates junteros para desajustes presupuestarios), de alguna que otra intromisión colonial, de soluciones cortas para tiempos largos y de crisis económica, mucha crisis económica. En consecuencia, el Museo devino en una pérdida de visitantes, en un aumento de usuarios por la vía del alquiler de espacios, y en una programación con importante interés museístico pero algo introspectiva, cuya cercanía a su comunidad y entorno inmediato no se ha sabido difundir. O comprender, pues a lo mejor es a mí al que le falta perspectiva.

Con la arribada de otros colores políticos al Ayuntamiento de Valladolid, y sobre todo no siendo predominante ninguno de ellos, tenía que llegar el momento en el que cada grupo quisiera poner su granito para reactivar el Museo; al menos los que consideran que necesita una renovación pues, al parecer, el grupo político anterior apuesta por mantener la gestión de los últimos años. Y esa renovación había de transitar entre el cambio de dirección (aunque para todo hay gustos) y una redefinición de las relaciones de la Fundación gestora con la Asociación que presta el grueso de la colección, sobre todo a tenor de lo que está sucediendo en los últimos tiempos con algunas de sus obras.

Así que no encontraron mejor lugar para debatir sobre el Museo que en el Pleno del Ayuntamiento, lo cual siendo muy democrático no parece adecuado para tratar de regir una institución que tiene un patronato (donde están representados todos los grupos políticos) y un consejo rector y que cuenta con los mecanismos de gestión habituales en estos casos. Cierto que el Museo es cosa de todos los vallisoletanos, pero no parece deseable que se intervenga en los asuntos de una institución cultural a golpe de pleno, sobre todo por parte de grupos políticos que cuando pudieron hacerlo no opinaron sobre el futuro del Museo Patio Herreriano.

También se quiere llevar el debate a la palestra ciudadana mediante la creación de un grupo de trabajo que defina el futuro del museo (nada en contra al respecto), pero la preocupación es que esta colaboración quiera hurtar las competencias que corresponden al patronato del museo. La participación ciudadana debe intervenir en la toma de decisiones, pero esa intervención es compatible con que ésta se realice en su foro natural, que es el patronato. Otra cosa es que la constitución de éste sea excesivamente institucional y política y que sea necesario modificar su composición para dar cabida a colectivos con interés legítimo. No obstante, procuremos que el discurso no sea “más dialéctico que factual”, como expresa Pilar Gonzalo en este estupendo post.

"Reyes precintados". Por Alex Castella from Gavà, Spain (DSC001421) [CC BY-SA 2.0]

Y el caso es que estas peripecias del Museo se producen en momentos delicados, debido a la incertidumbre sobre el comodato de los fondos de la Asociación Colección Arte Contemporáneo. No considero que sea tanta la inseguridad y no tengo duda de que el comodato se mantendrá, pues a las partes interesa, pero también es comprensible la preocupación porque se garantice la cesión de las obras y que se asegure la relevancia de las mismas. En ello están las partes y no tenemos porqué albergar dudas sobre el futuro de la colaboración.

Pero no está de más señalar que, bajo la perspectiva ciudadana, el tema se gestiona con titubeos y que el centro está demasiado sometido al vaivén de las luchas políticas. Hay también una percepción de que el asunto se podría haber resuelto con anterioridad al cese de la directora del Museo, para evitar fricciones innecesarias, si bien ya se sabía desde el pasado mes de julio que la plaza saldría a concurso. No obstante no nos engañemos: la continuidad de la Colección no va a depender de estas minucias y si al final se denuncia el comodato será por interés de la Asociación Colección Arte Contemporáneo. O quién sabe si por otro tipo de presiones interesadas (como veis, para levantar paranoias sirve cualquiera).

No obstante, ante posibles decisiones unilaterales de la Asociación habría que hacer de la necesidad virtud y prever alternativas; y preverlas ya. En definitiva ¿tiene sentido el Museo Patio Herreriano sin la colección? ¿O, si se prefiere, puede existir más allá de la colección? Yo creo que sí pero, partiendo de la base de que lo mejor es que la colección permanezca en Valladolid, deberíamos ir perfilando una línea de actuación que beneficie a la institución y a la ciudad. Para ello es necesario que tengamos claras unas pocas cosas:
  • La Dirección de este museo debe ser el pivote que articule las relaciones entre sus órganos rectores y que proponga las líneas generales de la actividad del Museo, siempre con la ayuda del comité asesor científico (que, por cierto, ¿por dónde anda?). Por eso es imprescindible que se saque a concurso la plaza a la mayor brevedad posible y que se eviten invenciones temporales que erosionan la labor que se quiere realizar. 
  • Entre las primeras cuestiones que se deben abordar está la redacción de un Plan Museológico actualizado, pues no parece que el Plan Director del año 2001 sea el instrumento más adecuado para abordar la renovación del Museo. Junto a ello es inevitable contar con un Plan de Viabilidad del Museo que defina los recursos necesarios para relanzarlo y para garantizar su sostenibilidad, así como su rentabilidad social y cultural. (ver actualización al final).
  • Se debe variar la composición del Patronato para que se adecúe a estándares actuales y se garantice una representación adecuada de los diferentes sectores. A ello habría que exigir la existencia de un compromiso de todos los grupos políticos para sacar al Museo Patio Herreriano del escenario político y para contemplar todas las cuestiones relativas a su gobernanza en el seno del patronato.
  • Todas las partes deben asumir un compromiso de transparencia y de lealtad con el Museo, con el resto de agentes y, sobre todo, con los ciudadanos de Valladolid. Nadie parece estar libre de culpa, a tenor de las denuncias sobre convocatorias de última hora, faltas de confianza o conocimiento de situaciones por la prensa que se vienen denunciando. Naturalmente, la lealtad o deslealtad es una opción personal y por tanto es responsabilidad de quien la toma.
Como veis ha habido palos para todos. Así que a trabajar más y a porfiar menos, que si en el Ayuntamiento se debatiera más sobre políticas culturales nos iría bastante mejor.


P.D.: A los recién llegados a esto, sobre todo políticos, la palabra “comodato” les hace segregar jugos diversos. Resulta gracioso comprobar el éxtasis en sus rostros cuando articulan esas cuatro sílabas alargando la "o" final. Co-mo-da-tooooo. Parece que están hablando del tesoro del Inca cuando lo pronuncian. ¡Criaturitas…!.

Actualización: He de hace una corrección a un erro mío. Sí existe Plan Museológico, pero también es de 2001 y algo escaso. Lo podéis ver en aquí 

jueves, 21 de mayo de 2015

Nowhere to run to, baby. Nowhere to hide.


El otro día me asaltó el afán de cotejar los programas electorales relativos a cultura que ofrecen los partidos políticos más importantes que se presentan en Castilla y León y en Valladolid. Ya ven, acostumbrado a votar muchos años por afinidades, odios y sentimientos viscerales parecidos, esta vez decidí comparar lo que cada partido ha propuesto en materia de cultura para los próximos cuatro años. Entiendo que, si ganan, su programa será la base de su acción de gobierno y que si solamente obtienen representación será el asiento de su labor de oposición. No se si el esfuerzo merece la pena, pero al menos servirá como agenda.

¿Creen que ha sido fácil? Pues no demasiado. En primer lugar hay que recabar los programas de cada uno, cosa que en tiempos de Internet podría parecer cosa de minutos. La verdad es que los partidos más tradicionalistas “tradicionales” lo tienen todo muy organizadito. El de mejor acceso es UPyD pues en su web autonómica y en la de la ciudad se encuentran los programas de manera muy rápida. Algo más dificilillo de encontrar ha sido el programa para Castilla y León de PP, PSOE e IU-CyL, y en el caso de las propuestas para Valladolid encontré el inconveniente de que para acceder al programa de los dos grandes partidos había que recurrir a páginas personalizadas para los candidatos (PP y PSOE) y que IU se presenta con Valladolid Toma la Palabra.

Por su parte, también me resultó complejo acceder al programa de PODEMOS: en el caso del programa regional porque hasta el día 14 de mayo no se publicó, y en el caso del programa vallisoletano porque no advertí que se presentan bajo el nombre de Sí se puede. Para acabar, CIUDADANOS: me ha costado un triunfo encontrar el programa deValladolid, lo hice en Facebook y gracias a un comentario como contestación a la queja de otra persona, y el programa autonómico no lo he podido encontrar a fecha de hoy, salvo una propuesta genérica. Como no se molestan en concretar he decidido no valorarla, si bien sigue las líneas generales del resto de partidos.

Lo más divertido fue usar las redes sociales para conseguir la información que no encontraba. Aún estoy esperando que me responda cierto amigo del PSOE al que pregunté por Facebook (si bien entiendo que tiene que estar muy ocupado) y que @PodemosCultura y @PodemoscyL me contesten: cierto es que @Podemos VLL me contestó en menos de 15 minutos y me enlazó sus programas. Bravo por ellos. La cuenta @CsCastillayLeon me contestó también rápidamente “gracias por el interés. Iremos presentando el programa por materias durante la campaña”, cosa que sorprende a 15 días de las elecciones. Volví a insistir el 18 de mayo y...

Así que la pregunta debe ser: ¿tanto os cuesta tener los documentos con fácil acceso, enlazarlos al primer minuto de campaña en vuestras cuentas en redes sociales y fijarlos en el encabezado?


 El siguiente paso fue masticar las propuestas de cada partido. La primera conclusión que saqué fue la de restringir mi análisis solamente a lo que se decía en los museos y a aquellas otras medidas que pudieran afectarles. Me quedo con ganas de hablar de algunas de las otras, pero el trabajo es ingente y hay cuestiones para las que no tengo criterio formado, por lo que prefiero no opinar. Solamente diré que los conceptos estrella son la bajada del IVA cultural, reclamar el 1% o 1’5% cultural y trasladar cuestiones de financiación a una futura regulación del mecenazgo (la eterna asignatura pendiente de los gobiernos de este país). También es un buen recurso el tema de favorecer la creación, a los creadores y a las políticas y a las industrias culturales en general y el de aumentar las sinergias (hágase uso del término o no), así como procurar la sostenibilidad y usar nuevas formas de financiación como el crowdfunding. Asimismo está claro que muchos pretenden revisar las fundaciones o eliminarlas. Todos los partidos abogan por aumentar la transparencia de cuentas y gestión, si bien el PP prefiere usar un sinónimo en “neolengua” con un delicioso “remoción de obstáculos y la garantía de la libertad de acceso y divulgación”.

La conclusión es que los partidos de siempre (PP, PSOE, IU-CyL) son versallescos, floridos y vacuos, y manejan conceptos antiguos. Además imprimen un sesgo liberal a la cultura pues la consideran más un recurso económico que un bien esencial. No digo que no la cultura no genere riqueza, pero tampoco que se primen el negocio y las cuentas de resultados. Quizá en esta concepción esté la mayoría de los problemas de los últimos años. También observo que sus propuestas y discursos, sobre todo en el PP, son planas y agotadas. Hace mucho que no se plantean la cuestión de la cultura y no manejan conceptos actuales, y que el PSOE debería echar un vistazo a su izquierda. En este sentido Valladolid Toma la Palabra tiene un programa más avanzado que IU-CyL (¿efecto provocado por EQUO?).

Y los partidos nuevos (Valladolid Toma la Palabra, PODEMOS / Sí se Puede) manejan criterios y conceptos más acordes con corrientes teóricas actuales como la Agenda 21, o los pactos por la cultura: participación, diversidad, polivalencia, identidad, fomento de la creatividad, cultura de proximidad, accesibilidad… Pero su problema es que son más inconcretos y se presiente en ellos una cierta falta de conocimiento de cómo funcionan las administraciones. Por ello su labor se adivina titánica en caso de que consigan representación.

Para finalizar y respecto a los programas de UPyD y CIUDADANOS, no merecen el menor comentario.

En definitiva os explicaré los programas con una analogía futbolística. El PP y PSOE son las viejas glorias que siguen jugando porque tiene contrato y no son fáciles de echar, además controlan el vestuario; solamente aspiran a un buen contrato en la liga de Qatar. IU-CyL es el típico jugador de equipo; juega siempre porque cumple, pero cada año es un poco más mayor. Valladolid Toma la Palabra y PODEMOS son los jugadores de la cantera, con buena técnica pero sin experiencia; están muy verdes y no les dan minutos. UPyD es el jugador que no renovará, quemado por las lesiones y por los jóvenes que le comen terreno; le espera el retiro. Y CIUDADANOS es el fichaje de invierno que no se sabe muy bien para qué vino y que tiene complicado jugar; quizá la próxima temporada. Perdonad el símil futbolero, pero ya sabéis que estoy embrutecido por el fútbol.

Las comparativas (la división en secciones es mía) y algunas de mis valoraciones (que figuran en rojo) en Cultura Castilla y León y en Cultura Valladolid.

Disfruten lo que van a votar.


PD. La boutade de Sí se Puede sobre el Museo del Motor me ha llegado al alma (a los foráneos les recuerdo que en Valladolid está la factoría de Renault). Si se llega a hacer quiero que a la entrada pongan el siguiente vídeo. Al menos bailaremos.



ACTUALIZACIÓN 24/06/2015

Después de un tiempo ha llegado a mis manos el programa autonómico de Ciudadanos para Castilla y León. Nada más que mencionar salvo la pretensión de consolidar la red de museos... Para consolidar algo primero tiene que funcionar.

miércoles, 15 de abril de 2015

Museos de temporada


Los primeros meses de cada cuatro años son época de museos, del mismo modo que hay época de setas o temporada de berros. Si me apuran, podría decir que me parece que también es momento de tarugos, pero eso es una senda por la que es mejor no continuar.

Es habitual ver en la prensa una multiplicación de noticias sobre museos que hablan de inauguraciones, reaperturas, presentación de programaciones, balances, cifras comparativas y, muchos, muchos proyectos de futuro. Todas ellas como anticipo de un inminente paso por las urnas y producto de la avidez del político por exhibir trofeillos culturales y por significar su profunda preocupación por la vida cultural del reducto geográfico por el que culebrea. No faltan siquiera los llamamientos para ayudar a museos en horas bajas, las peticiones de depósitos de fondos o los requerimientos para la colaboración, sobre todo económica; en este caso porque cualquiera sabe que ahora es el mejor momento para el mercadeo. Las más de las noticias son esa suerte de publirreportajes que publican esa prensa cuya publicidad se sufraga con dinero público, y las menos son esas críticas u opiniones que no interesa publicar ni gusta leer, como pasa siempre que se hace notar que el emperador desfila desnudo.

España también sufre por encima de sus posibilidades en materia de museos. No hace mucho Santos Mateos recordaba la frase de Vicent Todolí:  “ningún museo en el planeta -ninguno- gana dinero [...] todos pierden. Y no ganan dinero porque tampoco es su objetivo”. Aceptando la mayor (y sin entrar a detalle y debate), que no tengan como objetivo ganar dinero no es excusa para que lo pierdan o lo despilfarren, sobre todo si lo hacen por mala o nula planificación, por una orgiástica concatenación de planteamientos que parecen no tener padre, pero que a muchos aprovechan. Se trata siempre de proyectos que vienen siempre de arriba abajo, de los que se pergeñan en bares o saraos, y que carecen de la mínima base para proporcionar estabilidad al centro museístico que se pretende crear. Como decían por ahí “a las ocurrencias hay que procurar matarlas de pequeñas, pues si las dejas crecer te acaban devorando”.


Foto tesoro del Museo de Zamora, extraída de http://www.museoscastillayleon.jcyl.es/

Llevo un tiempo observando la casuística en Castilla y León (que, supongo, no difiere mucho de la de otros lugares)  y, a falta de una reflexión más profunda como la que Manel Miró reflejaba acertadamente aquí, la sistematización de una inmensa mayoría de los centros es siempre la misma:
  • La apertura del centro museístico no depende tanto del número de habitantes de la población en la que se asienta como de la existencia de un contenido que, con mayor, menor o inexistente coherencia, justifique el museo. En muchas ocasiones se produce en poblaciones que han perdido pujanza económica por la desaparición de la fuente tradicional de ingresos (actividades agropecuarias, pequeña industria, explotaciones...).
  • Con relación a esto, el contenido que “arma” el proyecto puede ser material o inmaterial; todo vale. Desde la existencia de modos tradicionales de producción (tejidos, alimentos y cántaros variados lo más habitual) hasta la existencia de una colección relacionada directamente con el patrimonio cultural (santos, celebridades de todo pelo y casas donde vivió…), pasando por la disponibilidad de fondos procedentes de un coleccionista (radios, coches antiguos y sus variantes se llevan mucho esta temporada) o de un artista (estos son muy peligrosos por su ególatra insistencia y su ascendencia sobre las autoridades), y sin olvidar los centros de interpretación de algo.
  • El continente será un edificio recuperado o a recuperar: siempre, y digo bien siempre, gracias a fondos públicos europeos (PRODER, FEDER…) y dotado gracias también a más fondos (FSE). No olvidemos fondos regionales, ni provinciales.Una falta crónica de planteamientos museológicos previos, a veces ni siquiera profesionales, resueltos generalmente por empresas no especializadas con museografías más vistosas y pseudotecnológicas que efectivas.
  • Compartición del espacio del museo con otras dependencias municipales (turismo, biblioteca, centro cívico) y actividad cultural acorde.Presentación a la prensa, eso sí, muy cuidada pero muchas veces con escasa repercusión debido a la rápida sustitución de las noticias en los medios digitales. Este impacto menor se intenta corregir mediante la asistencia a todo tipo de convocatorias y ferias turísticas y patrimoniales, o mediante la presencia en las inauguraciones de políticos o famosos de medio pelo.
  • Y lo que es peor y muy común: existencia de presupuesto para la puesta en marcha pero sin estabilidad presupuestaria ni plan de viabilidad, entendido éste como el documento que debe describir los recursos necesarios para poner en marcha el centro museístico, y los costes de producción o mantenimiento de su funcionamiento y fines, así como su rentabilidad social y cultural (art. 22.1 de la Ley de Centros Museísticos de Castilla y León). 

¿Y por qué hay quien llega de manera tan fácil a la conclusión de que hay lo que necesita el pueblo es un museo? Los argumentos son sencillos:
  • El museo supone,en una mediana población, la guinda en la labor cultural de sus responsables políticos. Como institución prestigiosa su creación es incontestable y sirve como elemento propagandístico de primer nivel, tanto de cara a sus conciudadanos como ante los compañeretes del partido.
  • Asimismo, la creación del museo se identifica con la identidad de la población. Se trata de exacerbar una especie de micronacionalismo localista que utiliza al centro como referente de la comunidad, con la intención de aglutinar a la ciudadanía y presentar a los visitantes foráneos los logros pasados y la proyección a la que aspira la colectividad.
  • El centro será un pilar de la recuperación económica de la zona sobre la base de la atracción turística, partiendo de la creación de un recurso patrimonial que genere visitas y, en consecuencia, puestos de trabajo e ingresos económicos. Sin embargo este modelo es muchas veces falaz, pues el recurso inicia su recorrido desde cero y el arranque suele agotar la mayor parte de las fuerzas con las que se contaba. Ni que decir tiene que el número de puestos de trabajo creado es escaso, sin profesionalizar y precario, y que la inyección económica suele ser menor que la prevista. Es más, el museo puede ser capaz de corroer el presupuesto del municipio.
  • El museo acaba demostrando escasa capacidad de atracción, siempre menor de la prevista (museos que esperan 30000 mil visitantes en su primer año de vida venden como exitazo la llegada de apenas 5000 ¿qué esperaban? y dan botes de alegría por un centenar de personas en algún período vacacional). Como mucho añade valor a la oferta cultural de la localidad, pero como su oferta es poco más que el nuevo museo entramos en una espiral que no lleva a buen término. 
  • La aventura no suele tener consecuencias políticas. Los votantes suelen ser benévolos con estas iniciativas pues la localidad adquiere cierta visibilidad, se perciben visitantes y algún impacto económico. Sin embargo, nadie osa auditar los resultados del museo, existe escasa transparencia en la gestión y, cuando existe, se basa en la difusión de noticias cuantitativo/comparativas del número de visitantes en las que se trata a las estadísticas como si fueran indicadores. Lo peor es que a veces se reincide en el error.
Foto By Brocken Inaglory. The image was edited by user:Alvesgaspar (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/)], via Wikimedia Commons
¿Hay alguna manera de atajar esta burbuja, o de mitigar sus estragos al menos? Veamos:
  • La voluntad de crear un nuevo centro museístico debe partir de una prolongada reflexión sobre su oportunidad y viabilidad que derive en una seria planificación. Para ello es imprescindible la participación de profesionales en la definición de la misión del futuro museo y en la posterior redacción del plan museológico. 
  • Más allá de colaboraciones económicas (no soy partidario de subvenciones) el apoyo de las administraciones autonómicas debería centrarse en colaboraciones técnicas y en el desarrollo de herramientas que permitan una mejora funcional en los centros y su gestión sostenible. 
  • En consonancia con lo anterior cabría demandar una mayor cualificación profesional, bien a partir de la participación de personal capacitado, bien a partir de la mejora del existente gracias a cursos de formación, o bien ambas cosas.
  • Fomento del trabajo bajo criterios de transversalidad y cooperación entre instituciones y centros, y estimulación de una cultura de actuación en red con la generalización de órganos comunes y participación responsable.
  • Transparencia como criterio básico de cualquier actuación. 

Evidentemente hay ejemplos significativos de museos con una trayectoria impecable y, seguramente, son más los museos bien gestionados que cumplen su misión que los proyectos museísticos que fracasan. Sin embargo sospecho que estos últimos son más de los que la sociedad puede permitirse y que si rascamos un poco la superficie encontraremos aún más. No debemos conformarnos con esta situación y para ello seguramente sea bueno iniciar un debate. Eso sí ¿dónde? y ¿quién?

miércoles, 25 de junio de 2014

Solo no puedo. Con amigos sí. #MuseosPro


Lo bueno que tiene #MuseosPro es que los temas y su orden están bien planteados y de este modo los debates de cada jueves acaban apuntando hacia la siguiente convocatoria. Ello permite que se siga una argumentación coherente y que se esbocen cuestiones que pueden responderse en los siguientes posts.

Hoy toca hablar de cómo los profesionales y las empresas independientes colaboran con los museos. La impresión que tienen muchos profesionales, tanto nuevos como ya curtidos, es que los encargos se adjudican a dedo y que apenas hay control, favoreciéndose a determinadas empresas por diversos medios (que serían largos de relacionar aquí y que cualquiera que trabaje en, o para, las administraciones públicas conoce).

Pues bien, la mala noticia es que esto es una cuestión de raíz, que se encuentra en lo más profundo de nuestra sociedad y que debe arreglarse a nivel estructural. Los instrumentos de gestión y sus normas, suelen ser lógicos, razonables y justos, pero si no lo son quienes las aplican hay vías para evidenciarlo.

La situación se complica pues empieza a generalizarse la costumbre de contratar a empresas de servicios que optan a los contratos y contra las que no pueden competir otras empresas más pequeñas o los autónomos. ¿Por qué? Pues porque cuentan con una infraestructura empresarial que les permite reducir costes, a veces también contactos, y pueden ofrecer ofertas más ventajosas para la Administración; lo cual sabemos que es el principal criterio de adjudicación. La consecuencia es que, conseguido el contrato, acudirán al mercado en busca de los más preparados, más listos y “más dóciles” (perdón por la expresión), y les pagarán poco más que un subsidio. Vamos, como en las películas norteamericanas de estibadores.

Frente a la situación se postula la labor beneficiosa que pueden realizar colegios y asociaciones profesionales. Considero que son muy útiles en lo referente a la definición de una deontología profesional, o de buenas prácticas de gestión, y también como foros de crítica constructiva o elementos de impulso y asesoramiento para quienes se inician en la profesión. Así mismo son instrumentos adecuados para ejercer un seguimiento y control del ejercicio profesional, llegando al extremo de poder constituirse en interesados para la denuncia de malas prácticas.


Aun así, también tienen defectos. En mi opinión, por un lado se encuentran los de aquellas asociaciones de profesionales orientadas fundamentalmente a defender los intereses de trabajadores de museos, preferentemente en lo relativo a derechos laborales, oportunidades de formación, fomento de relaciones entre personas o entidades o búsqueda de bonificaciones en la visita. Suelen tener una trayectoria y un prestigio consolidado pero su mayor riesgo es caer en una autocomplacencia lampedusiana.

Y por otra observo los de las agrupaciones de profesionales que tratan de facilitar y mejorar las relaciones de sus miembros entre sí y con los diversos agentes que participan en la gestión del museo. Su labor tiene a priori un carácter más independiente, pero tienen el peligro de depender en exceso de los impulsos personales y puntuales de sus representantes; en ocasiones esta subordinación es perjudicial pues, al convertirse aquellos en interlocutores directos con las administraciones públicas, que es donde de momento suele estar el dinero, la labor de la asociación puede acabar siendo desactivada por la vía de la subvención o del trato preferente.

En definitiva, si este tipo de asociaciones alcanzan a disponer mecanismos idóneos de renovación y ajuste, si adoptamos mayor grado de compromiso con ellas para que en el futuro adquieran la relevancia suficiente como para convertirse en canales de participación social en los museos, es posible que consigamos resolver los problemas sobre definición de la profesión, formación y contratación sobre los que hemos venido opinando.


"Colaboración originalmente redactada para la iniciativa #MuseosPro". En este enlace puedes verla, y en este otro se explica qué es #MuseosPro.

jueves, 13 de junio de 2013

NO OLVIDES QUE EL MUSAC TAMBIÉN ES NUESTRO


Me pide el cuerpo hablar del Musac. También me lo pide la mente, pero como ya se han esparcido y aireado las vísceras de ese museo parece más propio que me deje llevar por las entrañas. Eso sí, con prudencia, que luego se hieren las susceptibilidades y todo se malentiende.


A estas alturas creo que la mejor manera de empezar es desear la mejor de las suertes al nuevo director. Pedir para él fortuna, buen juicio y mucho trabajo, fundamentalmente técnico, que para la cosa política ya están otros.


Decía que va a necesitar una buena dosis de liderazgo y empatía, pues se encuentra con el personal soliviantado: la mayoría de los trabajadores del Musac han decidido revelar la deriva que ha sufrido el centro desde que se abrió en 2005. Al respecto tengo sentimientos encontrados porque como colega de museos me solidarizo con ellos, máxime cuando estoy de acuerdo con muchas de las cosas que expusieron en su comunicado. Sin embargo tiendo a dudar de la oportunidad del anuncio, pues si la deriva era tan poderosa hubiera sido necesario que la hubieran denunciado antes. Bien es cierto que si no lo hubieran expuesto públicamente en este momento no hubieran tenido el impacto que han conseguido, y su expresión de insatisfacción se hubiera perdido en la vorágine mediática que atizó al Musac durante estos días. Pero también es cierto que a partir de ahora les puede ser exigible que la preocupación que han manifestado se reproduzca al menor indicio de repetición de la mala praxis que delatan.


De este modo, sería bueno que el nuevo director contara con ellos con toda confianza, pues si el Musac es grande se debe a ellos en gran parte. ¿O creen que el prestigio alcanzado es un logro individual? Incluso sería aconsejable que el nuevo responsable los protegiera como un escudo, porque desde ahora son vulnerables y están a expensas del recorte inevitable y el reajuste fácil. Así que pido que no se les demonice por su valiente acción, pues ellos han hecho lo que consideraban justo para denunciar ciertas irregularidades; que no es lo mismo que ilegalidades. Parece que algo de razón deben tener pues ese término ha producido un escozor inusitado; incluso da la sensación de que alguien dejó de leer el comunicado justo después de esa palabra.


También tendrá que conseguir que su gestión sea adecuada a la época que soportamos y que su propuesta de programación sea brillante y creíble, personal e independiente, viable,a sí como cultural y socialmente productiva. Y ello porque la sombra de la dimitida directora planeará durante mucho tiempo sobre el Musac para recordarnos que siempre existirá un sustituto. Para algunos será cómplice de una situación poco deseable, para otros una vergüenza para la profesión y para el resto será la persona que el museo necesita. Uno de sus grande restos será que olvidemos que sólo era el tercero/cuarto de la lista o que era el primero de los siguientes. Y no le van a dar margen de error.



Habrá de superar la impecable gestión artística de los antiguos directores (eso sí apoyada por el aplastante poderío del presupuesto), aunque es posible que por comparación lo tenga más fácil en la parte administrativa: no olvidemos que durante su cargo aquellos admitieron una paulatina pérdida de personal y medios o consintieron episodios como el famoso despido de los educadores con el consiguiente perjuicio para el erario y para la actividad educativa del centro. ¿Que no eran los responsables directos de la contratación? Posiblemente, pero al menos debían conocer lo que ocurría y para puestos de alta dirección, bien remunerada, no hubiera estado mal que se hubieran interesado por el asunto. Incluso como ciudadano y contribuyente de Castilla y León me hubiera gustado que hubieran revelado a tiempo las verdaderas razones de su marcha. Lo que en su momento fueron deseos de recuperar la paz o agotamiento, fueron cañas que se tornaron en lanzas y ahora hemos descubierto que se marcharon, eso sí de perfil, por los mismos motivos que la última directora. Lamento que hasta que la dimisionaria, el comité artístico y los trabajadores y antiguos compañeros no se han roto la jeta por el Musac no han sentido la necesidad de explicarnos lo que pasó en aquellos años de esplendor.

A todo ello sumemos un deseo para que nos haga olvidar el culebrón que hemos vivido a costa de la dimisión. Cruce de acusaciones, respuestas “y tu más” estándar, divagaciones sobre si hubo injerencias o no las hubo, cese versus dimisión “paratilacopla”, ataque despiadado de la oposición política, alegatos vacuos y barrocos, una selección del sustituto fulgurante y su exhibición como trofeo ante las Cortes regionales para mostrar decisión... La desafortunada gestión de este episodio me ha hecho sentir vergüenza por ver cómo se arrojaban el museo los unos a los otros. Por asistir a una lucha en la que un espacio de diálogo, de encuentro y participación, de disfrute, servía para realimentar los partidismos y ambiciones que nos han llevado a esta crisis.


Esperemos que el incidente no se haya cerrado en falso y que este nombramiento sea más que un simple parche para esta legislatura a la que le quedan dos años. Pido a quien debe hacerlo que analice cuidadosamente lo sucedido y adopte las decisiones que merece el Musac. Para tomarlas seguramente le sea de utilidad el recién nacido ranking anual que evaluará la transparencia de museos y centros de arte contemporáneo en España y que ha puesto en marcha el Instituto de Arte Contemporáneo. Nos lo deben, el Musac es de sus usuarios y éstos lo somos porque es un servicio público.


¿Alguna propuesta más? A mí se me ocurren un Plan Museológico y un Consejo Rector.


Naturalmente todo es discutible.