Quienes tenemos varias décadas de memoria electoral, o una cultura política por encima de la media, somos capaces de reconocer sin dudarlo la famosa proclama de “Programa, programa y programa” que Julio Anguita defendió mientras fue coordinador general de Izquierda Unida y del PCE. Su reduplicación le permitía apuntalar el criterio de que los acuerdos políticos o posturas de gobierno debían figurar en el correspondiente programa electoral. Este documento, por lo general, debía suponer un pacto entre el candidato y los ciudadanos.
Sin embargo, en la España actual, estos documentos se redactan de
manera que el cumplimiento de ese contrato moral pueda ser alterado, demorado, interpretado
o sustituido a conveniencia de la «parte contratante de la primera parte», con la consecuencia de que las medidas adoptadas serán irreconocibles
al final de las legislaturas. Todo ello ocurre con la connivencia de los
implicados, ya que los partidos políticos hacen esa redacción consciente y los electores
somos condescendientes con los incumplimientos.
Por lo general nuestra manera de votar
se limita a elegir la papeleta del color preferido y perpetuar una monolítica
opción política. Si bien es cierto que hay gente que cambia de papeleta, tengo
mis dudas de que en la mayoría de los casos la decisión vaya más allá de la visceralidad
y me temo que no suele provenir de un análisis comparativo y crítico. He de
confesar que yo peco algo de lo primero, pero también declaro que soy de los
que se leen los programas de los partidos y tomo decisiones en consecuencia.
De este afán instructivo surgió en su
momento la iniciativa de comparar en este blog las propuestas electorales relativas
a cultura. Si buscáis hay un par de ejemplos de Valladolid y uno de Castilla y
León para las elecciones de 2015. Y creo que se ha producido suficientes
cambios como para lanzarme a un nuevo examen de la clave cultural para las
elecciones inmediatas.
Hay que empezar diciendo que en este
2026 los problemas que encontraba hace once años para consultar los programas han
desaparecido prácticamente. No solamente los partidos los publican con más o
menos suficiente antelación sino que los difunden profusamente por las redes
sociales. Es más, ahora existen iniciativas ciudadanas como Aldea Pucela, una
comunidad vecinal online que a día de hoy cuenta con casi 6.000 miembros, que
han construido un magnífico comparador
de programas electorales en Castilla y León que permite explorar propuestas,
comparar por temática o incluso cumplimentar un cuestionario de afinidad. La
consulta está provincializada y su información se basa en las principales
formaciones que se presentan que hayan publicado oficialmente un programa
electoral. Mis felicitaciones a este espacio de encuentro participativo digital
por hacerme fácil la búsqueda de las medidas que me interesaban para redactar
esta entrada.
Pero no solo he recurrido a esta
utilísima herramienta sino que me he leído la parte cultural de cada programa. A
pesar de la disparidad en cuanto a las propuestas y la dificultad para analizarlas
me he podido centrar en las del PP, PSOE, VOX, UPL, PODEMOS, SORIA ¡YA! y EN COMÚN.
El concepto de cultura de los partidos es muy dispar. Para empezar, se recurre muchísimo al uso del término cultura en el sentido de conjunto de conocimientos y pauta de comportamiento, sobre todo en aquellos partidos que son, por decirlo de algún modo, más excluyentes; de este modo el vocablo sirve para imponer límites de conducta y determinar el modo en que se concibe una determinada realidad social, lo que acaba condicionando todo el corpus político. Este uso sintomático de la palabra sirve también para estrechar los límites de las propuestas y es significativo cuando se refiere, precisamente, a la propia cultura (entendida como conjunto de modos de vida, costumbres, conocimientos, desarrollo artístico, científico, industrial, etc), ya que sirve para reivindicar tradiciones, espacios, hábitos particulares o manifestaciones patrimoniales muy concretas. En definitiva, la hegemonía cultural también se disputa en el lenguaje y es extensiva a todas las facetas de la vida cotidiana.
Existe también entre los programas un conflicto
entre la consideración de la cultura como bien esencial y su apreciación como
factor económico. La primera opción, que he defendido aquí en repetidas
ocasiones, se expresa de manera evidente en el programa de EN COMÚN al entender
la «cultura como derecho y no como negocio» y se intuye en las medidas que proponen
PODEMOS y el PSOE, si bien este último pone el pie en ambas orillas al considerarla
también un elemento de desarrollo económico. Por su parte, el PP es más dado a incidir
en este aspecto de dinamización económica (la última legislatura es prueba de
ello al insistir en el binomio cultura-turismo), mientras que los partidos regionalistas
optan más por el factor identitario y reivindicativo de la cultura y VOX es más
dado a la inmutabilidad de la tradición, más que a la versatilidad del cambio
cultural.
En cuanto a medidas generales
asistimos a la paulatina desaparición de conceptos bastante superados como el
IVA cultural, o el mecenazgo, que han sido sustituidos por las ayudas y/o becas
vertebradoras, la ruralidad, la generación de redes, el apoyo a colectivos sensibles,
la promoción artística, la accesibilidad y la digitalización. En este cambio de
dirección se puede observar una alineación hacia conceptos muy presentes en los
Objetivos de Desarrollo Sostenible, pretendiendo quizá colocar a la cultura
como un cuarto pilar, a añadir a la economía, a la inclusión social y al medio
ambiente. Cada una de las propuestas electorales, a excepción de la de VOX, sigue
esta orientación en mayor o menor medida, quizá porque sea inevitable en una sociedad
moderna que haya cambios culturales en la educación, la igualdad de género, el
consumo sostenible o la justicia.
En resumen, se pueden observar cuatro
bloques programáticos, por decirlo de algún modo. El de los partidos de siempre,
PSOE-PP, que mantienen una dinámica de décadas, trufada de algunas nuevas ideas
y una cierta indolencia anclada en el resultadismo electoral. En línea parecida
se encuentran los regionalistas SORIA ¡YA! y UPL, con una dinámica igualmente veterana
pero embellecida con folclore. Le sigue el tándem PODEMOS-EN COMÚN, más situados
en propuestas que apuestan por políticas culturales actuales pero cuyo
atrevimiento puede buscarse en la seguridad que da la falta de expectativa
ganadora. Para finalizar, encontramos a VOX con su brío alternativo y marginal,
conservacionista y garantista, pero estabulado en una falta de discernimiento entre
lo que es cultura y lo que es tradición.
En cuanto a medidas concretas no es
este lugar para extenderse. Pero a nadie sorprenderá que la gran batalla y
novedad programática de estas elecciones sea la tauromaquia. El resto sobre su
promoción lo echan PP y VOX. El primero al manifestar que «merece nuestro
reconocimiento y atención, como elemento constitutivo de la cultura española» y
concediendo apoyo a las escuelas taurinas, al circuito regional de novilladas y
las novilladas a caballo, a la Biblioteca Digital Taurina y el Portal de la
Tauromaquia; cierto es que ya lo hace así que tampoco promete mucho. El segundo,
VOX, apuesta también por medidas muy parecidas, eso sí con expresiones algo más
imperiosas y contundentes. No decepcionan PODEMOS en este tema, al defender la «exclusión
de la tauromaquia del catálogo de patrimonio cultural con el horizonte puesto
en su abolición» y la eliminación o redirección de ayudas destinadas a la
tauromaquia hacia políticas sociales, culturales y de bienestar animal, ni EN
COMÚN al apostar por redefinir la política cultural eliminando subvenciones a
la tauromaquia, para destinar estos recursos a «actividades culturales basadas
en valores sociales compartidos». Por su parte al PSOE, SORIA ¡YA! y UPL se les
ha debido olvidar la tauromaquia porque no figura, o yo no la he visto, en sus programas.
Para acabar, ofrezco una breve relación
de mi valoración general de los programas culturales de cada partido, junto a las
propuestas que me han parecido más fascinantes y una palabra clave que los define:
- PP: su programa parece
una réplica de la estructura orgánica de la consejería de cultura a la que han
antepuesto palabras poco comprometedoras como apoyaremos, fomentaremos, impulsaremos,
respaldaremos, favoreceremos, intensificaremos, etc. Vayan a verlo, es una epopeya
de sinónimos; 1000 medidas, todas así. Quieren consolidar AR-PA a nivel europeo,
lo cual es de celebrar porque ya lo estuvo y se dejó pasar. INMOVILISMO.
- PSOE: como hemos visto se sitúa en una equidistancia entre el anquilosamiento y el afán de tocar medidas innovadoras, cosa que no suele resultar. Me sugestiona la medida de hacer salas de exposición dependientes de los museos provinciales; me encantará ver si lo consiguen. QUIEROYNOPUEDO.
- VOX: un aquelarre
de toros, coros y danzas, ferias de gastronomía y reposteros. Es un programa
nacional que podría trasladarse casi sin retoques a cualquier otra región. Van a
fortalecer el vínculo histórico que Castilla y León mantiene con el Museo Militar
de Burgos, cuya competencia corresponde al Ministerio de Defensa; más allá de
eso, la verdad, tampoco hay mucha propuesta cultural concreta. RÚSTICO.
- UPL: muy proteccionista,
se centra en la recuperación de tradiciones y valores etnográficos, pero la
contrapartida es que solamente se preocupan de los leoneses. Sin que esto sea
malo restringe su electorado y manda el mensaje de una cultura excluyente más
que integradora. Lo de la creación de sedes regionales de museos nacionales es hacer
un bucle al bucle del nacionalismo e imposible de conseguir; miren a ver
cuántas se han hecho en los últimos 50 años. SUFICIENCIA.
- PODEMOS: a priori
presenta una buena batería de iniciativas concretas de política cultural, pero
en su mayor parte imposibles de conseguir a corto plazo o en una sola
legislatura. Me parece un programa muy sensato. La medida que me ha llegado al
corazón es la de dotar a los Departamentos de Educación y Acción Cultural de
los nueve museos provinciales de partida presupuestaria y personal necesario
fijo y en plantilla para que puedan ocuparse del Área de difusión y sus funciones
específicas. ENSUEÑO.
- SORIA ¡YA!: programa
muy similar al de UPL muy interesante en cuanto a museos, pero el problema es
que la mayoría son estatales y deben recabar el permiso del estado para todo lo
que quieren hacer. La idea de que se asuma su competencia es una trampa que
nadie parece querer advertir; no creo que llegue, pero todo es posible. AUTOCOMPLACENCIA.
- EN COMÚN: me
parece un poco escaso, si bien las medidas que propone parecen acertadas y
destinadas a crear una estructura cultural sólida. La mejor propuesta es la definición
de la cultural como derecho. Dicen expresamente que suprimirán la Fundación
Siglo; ¡olé tus…! CALZÓNQUITAO.
Diógenes Laercio expresó que «La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad». A las próximas elecciones ¿iremos adornados o seremos refugiados?



