Ad Gallinas Albas
Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas
viernes, 28 de agosto de 2026
LA GRAN MENTIRA
martes, 12 de mayo de 2026
LA SEXTA PLANTA
Normalmente en este blog se habla de museos, pero en esta
ocasión se va a conmemorar una efeméride. La mía.
Hoy es el día en que subo a la sexta planta. Vamos, que
cumplo 60 y ya se me puede llamar sexagenario. Parece ser que podré aprovecharme de beneficios
en algunas cosas tangibles, pero por contra es posible que me cueste más conseguir
otras. Salvo este par de novedades la diferencia con el día de ayer es
prácticamente nula.
Por otra parte, me parece buen momento para hacer una
reflexión sobre estos años vividos ya que no sé si en el futuro tendré ganas de
examinar el pasado, o si incluso me va a convenir. Pero lo inevitable es que este
repaso, seguro, me va a conducir por caminos por los que hace tiempo que no paso,
o por senderos que evito, consciente o inconscientemente. Incluso puede que vagabundee
por sitios olvidados o que redescubra pasajes que estamparon más carácter en mí
de lo que nunca haya imaginado. Seguidme si queréis.
Si hay que empezar por algo será por decir que no me
arrepiento de absolutamente nada de lo que he hecho o dicho; y del mismo modo
de lo que no hice o dije. Es posible que actuara de otro modo si hoy día me
enfrentara a determinadas situaciones del pasado, porque es fácil decirlo ahora
que se conocen las derivadas, pero si lo hubiera hecho también es cierto que no
sería como soy, ni tendría lo que tengo. Estoy muy contento de ambas cosas y de
la vida que he tenido, así que no querría que cambiara por nada; aunque
pudiera volver atrás en el tiempo para cambiarlo. Y si bien es seguro que llegados
a este punto fuera adecuado que expresara una o dos disculpas, o cientos si soy
sincero, no parecería congruente formularlas a la par que proclamo mi falta de
arrepentimiento. No obstante, sí creo justo expresar que lamento haber sido de
aquella manera en aquella ocasión. No era el que soy ahora.
Seguiré por decir que he tenido la mejor de las familias y
los mejores amigos. Cuando entré al cincuenteno dediqué
a mis padres esta entrada en este mismo blog, y por ella ya sabéis poco más
o menos por qué me dedico a lo que me dedico. Hoy es día para declarar que ellos
pusieron los cimientos, sólidos creo, de mi personalidad. De ellos vienen mi
temperamento, mis referentes éticos y morales, mis valores, los ideales, alguna
afición y numerosos modos de comportamiento. Hasta algunos de mis prejuicios e
intolerancias vienen de ellos; pero de estas imperfecciones quizá hable cuando
llegue a los 70. Y puede que también opine de las incoherencias, que son
enteramente mías.
Justo es que también mencione al resto de mi familia, ausente y presente, carnal y política; y en particular a mis hermanas que siempre están ahí. Sobre todo a mi hija Claudia. La mejor de las hijas y el principal aliento para mantenerme joven, activo e ilusionado. Y que me acuerde de todos los amigos que lo fueron y serán. Y no porque yo se lo haya dicho expresamente, que ya saben ellos que no soy mucho de hablar y expresarme tan desnuda o llanamente; porque hay cosas que no hace faltas decirlas si puedes hacer que se intuyan.
Y cómo no, que recuerde a la persona que siendo amiga
también es familia y siendo familia también es amiga: Alicia, compañera de
vida. Tengo claro que si no fuera por ella yo no estaría orgulloso de ser como
soy; porque sería de otra manera. De un modo peor, seguramente, a la par que
menos interesante, divertido, alegre y emocional. Me causa congoja pensar en no
haberla conocido.
He aprendido mucho de cualquiera de los anteriores que he
mencionado. He observado de ellos el cómo hacer para ser mejor y afrontar o
evitar situaciones. He rumiado sus defectos para perfeccionar los míos, siempre
con el riesgo de ir creando otros; menos dañinos confío. También he copiado o
adaptado comportamientos para intentar perfeccionarme y corregir mi relación
con ellos y con el resto de las personas y ambientes con los que he
participado. Y también he aprendido a no ser como aquellos a quien no he mentado;
que no los menciono para no dejarlos en evidencia. Porque gracias a ellos también he llegado a entender que
una buena manera de acertar es no hacer lo mismo que ciertas personas.
Sabéis que soy introspectivo y ello me ha llevado a analizar mucho mi conducta, siempre hacia el propósito de ser buena persona y dejar el
mundo mejor de cómo lo encontré; como buen scout que soy. Esta actitud y ese entrenamiento
me han llevado a fraguar mis opiniones, cuyo derecho a defender, escuchar y
respetar reclamo tanto como defiendo el mismo derecho para otros. E igualmente defiendo
y reivindico la prerrogativa de cambiar de opinión cuando lo considere; si bien
me comprometo a que venga de una transformación antes que de una permuta
interesada.
Al final este panegírico autocomplaciente se ha convertido en un magnífico homenaje a vosotros, a los que quiero. Creo que no podría haber sucedido de otro modo pues así de importantes sois para mí.
Y ya que está dicho casi todo no parece que deba extenderme más. Nos vamos viendo.
viernes, 6 de marzo de 2026
PROGRAMA, PROGRAMA, PROGRAMA
Quienes tenemos varias décadas de memoria electoral, o una cultura política por encima de la media, somos capaces de reconocer sin dudarlo la famosa proclama de “Programa, programa y programa” que Julio Anguita defendió mientras fue coordinador general de Izquierda Unida y del PCE. Su reduplicación le permitía apuntalar el criterio de que los acuerdos políticos o posturas de gobierno debían figurar en el correspondiente programa electoral. Este documento, por lo general, debía suponer un pacto entre el candidato y los ciudadanos.
Sin embargo, en la España actual, estos documentos se redactan de
manera que el cumplimiento de ese contrato moral pueda ser alterado, demorado, interpretado
o sustituido a conveniencia de la «parte contratante de la primera parte», con la consecuencia de que las medidas adoptadas serán irreconocibles
al final de las legislaturas. Todo ello ocurre con la connivencia de los
implicados, ya que los partidos políticos hacen esa redacción consciente y los electores
somos condescendientes con los incumplimientos.
Por lo general, nuestra manera de votar
se limita a elegir la papeleta del color preferido y perpetuar una monolítica
opción política. Si bien es cierto que hay gente que cambia de papeleta, tengo
mis dudas de que en la mayoría de los casos la decisión vaya más allá de la visceralidad
y me temo que no suele provenir de un análisis comparativo y crítico. He de
confesar que yo peco algo de lo primero, pero también declaro que soy de los
que se leen los programas de los partidos y tomo decisiones en consecuencia.
De este afán instructivo surgió en su
momento la iniciativa de comparar en este blog las propuestas electorales relativas
a cultura. Si buscáis hay un par de ejemplos de Valladolid y uno de Castilla y
León para las elecciones de 2015. Y creo que se ha producido suficientes
cambios como para lanzarme a un nuevo examen de la clave cultural para las
elecciones inmediatas.
Hay que empezar diciendo que en este
2026 los problemas que encontraba hace once años para consultar los programas han
desaparecido prácticamente. No solamente los partidos los publican con más o
menos suficiente antelación sino que los difunden profusamente por las redes
sociales. Es más, ahora existen iniciativas ciudadanas como Aldea Pucela, una
comunidad vecinal online que a día de hoy cuenta con casi 6.000 miembros, que
han construido un magnífico comparador
de programas electorales en Castilla y León que permite explorar propuestas,
comparar por temática o incluso cumplimentar un cuestionario de afinidad. La
consulta está provincializada y su información se basa en las principales
formaciones que se presentan que hayan publicado oficialmente un programa
electoral. Mis felicitaciones a este espacio de encuentro participativo digital
por hacerme fácil la búsqueda de las medidas que me interesaban para redactar
esta entrada.
Pero no solo he recurrido a esta
utilísima herramienta, sino que me he leído la parte cultural de cada programa. A
pesar de la disparidad en cuanto a las propuestas y la dificultad para analizarlas
me he podido centrar en las del PP, PSOE, VOX, UPL, PODEMOS, SORIA ¡YA! y EN COMÚN.
El concepto de cultura de los partidos es muy dispar. Para empezar, se recurre muchísimo al uso del término cultura en el sentido de conjunto de conocimientos y pauta de comportamiento, sobre todo en aquellos partidos que son, por decirlo de algún modo, más excluyentes; de este modo el vocablo sirve para imponer límites de conducta y determinar el modo en que se concibe una determinada realidad social, lo que acaba condicionando todo el corpus político. Este uso sintomático de la palabra sirve también para estrechar los límites de las propuestas y es significativo cuando se refiere, precisamente, a la propia cultura (entendida como conjunto de modos de vida, costumbres, conocimientos, desarrollo artístico, científico, industrial, etc), ya que sirve para reivindicar tradiciones, espacios, hábitos particulares o manifestaciones patrimoniales muy concretas. En definitiva, la hegemonía cultural también se disputa en el lenguaje y es extensiva a todas las facetas de la vida cotidiana.
Existe también entre los programas un conflicto
entre la consideración de la cultura como bien esencial y su apreciación como
factor económico. La primera opción, que he defendido aquí en repetidas
ocasiones, se expresa de manera evidente en el programa de EN COMÚN al entender
la «cultura como derecho y no como negocio» y se intuye en las medidas que proponen
PODEMOS y el PSOE, si bien este último pone el pie en ambas orillas al considerarla
también un elemento de desarrollo económico. Por su parte, el PP es más dado a incidir
en este aspecto de dinamización económica (la última legislatura es prueba de
ello al insistir en el binomio cultura-turismo), mientras que los partidos regionalistas
optan más por el factor identitario y reivindicativo de la cultura y VOX es más
dado a la inmutabilidad de la tradición, más que a la versatilidad del cambio
cultural.
En cuanto a medidas generales
asistimos a la paulatina desaparición de conceptos bastante superados como el
IVA cultural, o el mecenazgo, que han sido sustituidos por las ayudas y/o becas
vertebradoras, la ruralidad, la generación de redes, el apoyo a colectivos sensibles,
la promoción artística, la accesibilidad y la digitalización. En este cambio de
dirección se puede observar una alineación hacia conceptos muy presentes en los
Objetivos de Desarrollo Sostenible, pretendiendo quizá colocar a la cultura
como un cuarto pilar, a añadir a la economía, a la inclusión social y al medio
ambiente. Cada una de las propuestas electorales, a excepción de la de VOX, sigue
esta orientación en mayor o menor medida, quizá porque sea inevitable en una sociedad
moderna que haya cambios culturales en la educación, la igualdad de género, el
consumo sostenible o la justicia.
En resumen, se pueden observar cuatro
bloques programáticos, por decirlo de algún modo. El de los partidos de siempre,
PSOE-PP, que mantienen una dinámica de décadas, trufada de algunas nuevas ideas
y una cierta indolencia anclada en el resultadismo electoral. En línea parecida
se encuentran los regionalistas SORIA ¡YA! y UPL, con una dinámica igualmente veterana
pero embellecida con folclore. Le sigue el tándem PODEMOS-EN COMÚN, más situados
en propuestas que apuestan por políticas culturales actuales pero cuyo
atrevimiento puede buscarse en la seguridad que da la falta de expectativa
ganadora. Para finalizar, encontramos a VOX con su brío alternativo y marginal,
conservacionista y garantista, pero estabulado en una falta de discernimiento entre
lo que es cultura y lo que es tradición.
En cuanto a medidas concretas no es
este lugar para extenderse. Pero a nadie sorprenderá que la gran batalla y
novedad programática de estas elecciones sea la tauromaquia. El resto sobre su
promoción lo echan PP y VOX. El primero al manifestar que «merece nuestro
reconocimiento y atención, como elemento constitutivo de la cultura española» y
concediendo apoyo a las escuelas taurinas, al circuito regional de novilladas y
las novilladas a caballo, a la Biblioteca Digital Taurina y el Portal de la
Tauromaquia; cierto es que ya lo hace, así que tampoco promete mucho. El segundo,
VOX, apuesta también por medidas muy parecidas, eso sí con expresiones algo más
imperiosas y contundentes. No decepcionan PODEMOS en este tema, al defender la «exclusión
de la tauromaquia del catálogo de patrimonio cultural con el horizonte puesto
en su abolición» y la eliminación o redirección de ayudas destinadas a la
tauromaquia hacia políticas sociales, culturales y de bienestar animal, ni EN
COMÚN al apostar por redefinir la política cultural eliminando subvenciones a
la tauromaquia, para destinar estos recursos a «actividades culturales basadas
en valores sociales compartidos». Por su parte al PSOE, SORIA ¡YA! y UPL se les
ha debido olvidar la tauromaquia porque no figura, o yo no la he visto, en sus programas.
Para acabar, ofrezco una breve relación
de mi valoración general de los programas culturales de cada partido, junto a las
propuestas que me han parecido más fascinantes y una palabra clave que los define:
- PP: su programa parece
una réplica de la estructura orgánica de la consejería de cultura a la que han
antepuesto palabras poco comprometedoras como apoyaremos, fomentaremos, impulsaremos,
respaldaremos, favoreceremos, intensificaremos, etc. Vayan a verlo, es una epopeya
de sinónimos; 1000 medidas, todas así. Quieren consolidar AR-PA a nivel europeo,
lo cual es de celebrar porque ya lo estuvo y se dejó pasar. INMOVILISMO.
- PSOE: como hemos visto se sitúa en una equidistancia entre el anquilosamiento y el afán de tocar medidas innovadoras, cosa que no suele resultar. Me sugestiona la medida de hacer salas de exposición dependientes de los museos provinciales; me encantará ver si lo consiguen. QUIEROYNOPUEDO.
- VOX: un aquelarre
de toros, coros y danzas, ferias de gastronomía y reposteros. Es un programa
nacional que podría trasladarse casi sin retoques a cualquier otra región. Van a
fortalecer el vínculo histórico que Castilla y León mantiene con el Museo Militar
de Burgos, cuya competencia corresponde al Ministerio de Defensa; más allá de
eso, la verdad, tampoco hay mucha propuesta cultural concreta. RÚSTICO.
- UPL: muy proteccionista,
se centra en la recuperación de tradiciones y valores etnográficos, pero la
contrapartida es que solamente se preocupan de los leoneses. Sin que esto sea
malo, restringe su electorado y manda el mensaje de una cultura excluyente más
que integradora. Lo de la creación de sedes regionales de museos nacionales es hacer
un bucle al bucle del nacionalismo e imposible de conseguir; miren a ver
cuántas se han hecho en los últimos 50 años. SUFICIENCIA.
- PODEMOS: a priori
presenta una buena batería de iniciativas concretas de política cultural, pero
en su mayor parte imposibles de conseguir a corto plazo o en una sola
legislatura. Me parece un programa muy sensato. La medida que me ha llegado al
corazón es la de dotar a los Departamentos de Educación y Acción Cultural de
los nueve museos provinciales de partida presupuestaria y personal necesario
fijo y en plantilla para que puedan ocuparse del Área de difusión y sus funciones
específicas. ENSUEÑO.
- SORIA ¡YA!: programa
muy similar al de UPL muy interesante en cuanto a museos, pero el problema es
que la mayoría son estatales y deben recabar el permiso del estado para todo lo
que quieren hacer. La idea de que se asuma su competencia es una trampa que
nadie parece querer advertir; no creo que llegue, pero todo es posible. AUTOCOMPLACENCIA.
- EN COMÚN: me
parece un poco escaso, si bien las medidas que propone parecen acertadas y
destinadas a crear una estructura cultural sólida. La mejor propuesta es la definición
de la cultural como derecho. Dicen expresamente que suprimirán la Fundación
Siglo; ¡olé tus…! CALZÓNQUITAO.
Diógenes Laercio expresó que «La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad». A las próximas elecciones ¿iremos adornados o seremos refugiados?
lunes, 26 de mayo de 2025
EJEMPLARIDAD. «El caso BIC-TAC»
Durante la pasada semana se ha generado una grave polémica sobre una intervención artística en la torre de la iglesia de Santa María de la Antigua, dentro de la programación del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (TAC), que propone una función de danza vertical para la que se requieren anclajes para asegurar la escalada. La controversia se manifestó inicialmente a través de las redes sociales de la Asociación por el Patrimonio de Valladolid, al considerar una «auténtica irresponsabilidad» que se permitiera realizar el espectáculo «Quasimodo y Esmeralda», por la compañía francesa Lézards Bleus. El asunto estalló definitivamente al desvelarse serias dudas sobre la existencia o no de la preceptiva autorización para conducirse sobre este Bien de Interés Cultural y tuvo como consecuencia la cancelación del segundo de los pases de la actuación.
En los últimos años se viene insistiendo mucho sobre la educación
patrimonial, entendida como el proceso educativo, que desarrollan poderes públicos
y profesionales, dirigido a promover su conocimiento, valorización y preservación.
De hecho se empieza a considerar urgente que se habiliten medios para preparar
a las personas y a las instituciones para el mejor y correcto uso de los bienes patrimoniales; esto es de gran relevancia a la hora de considerar críticamente casos similares. Es lo que voy a tratar de hacer a continuación,
pues en los tiempos que corren es fácil que se viertan opiniones sobre cada cuestión
y uno se da cuenta que lo que piensa un buen número de personas no tiene por
qué guardar relación con la certeza; sobre todo si los poderes públicos olvidan
la ejemplaridad que debe orientar sus acciones y se dedican a desviar la
atención para eludir responsabilidades. Trataré de hacerlo de la manera más
cercana y objetiva posible, lejos de tecnicismos.
La vida en sociedad exige del establecimiento de normas,
algunas de ellas para el uso de los bienes comunes, ya lo sean por que su
propiedad sea pública o porque tengan ciertas características que priman el
interés colectivo por encima de su titularidad. En el segundo caso se
encuentran los bienes que pertenecen al patrimonio cultural, pues poseen valores
que representan la identidad de los grupos sociales, lo cual sirve para
cohesionarlos y definirlos. Para proteger los bienes del patrimonio cultural, y garantizar la transmisión
de la herencia cultural en las mejores condiciones posibles, las legislaciones
han establecido normas que regulan su uso, estableciendo una gestión y
competencia compartida entre los titulares de los bienes y las administraciones
públicas. El mayor grado de protección existente en la legislación española para un recurso patrimonial, por
extensión en la autonómica, y que tiene su equiparación en el resto de las
legislaciones europeas, es la declaración como Bien de
Interés Cultural.
El que un monumento, un yacimiento o una manifestación
inmaterial sea declarado BIC no es un bonito galardón, a pesar de que algunos
responsables políticos les guste llenarse la boca de siglas, sino una figura jurídica
de salvaguarda que conlleva una serie muy concreta de restricciones y obligaciones,
pero también de beneficios. De este modo cualquier actuación, proyecto de restauración,
intervención, instrumento de planeamiento, etc., que se quiera aplicar sobre un
BIC requiere una autorización preceptiva cuya competencia corresponde a la
Junta de Castilla y León y es valorada por órganos administrativos, compuestos
por técnicos, expertos externos y responsables públicos. Para obtener la autorización
existen mecanismos ágiles de tramitación y la decisión sobre la misma se
realiza a la vista del proyecto que debe acompañar a la solicitud, donde se
indica lo que se va a hacer, cómo y qué medidas de protección se aplicarán. Todo
ello se estudia en sesiones colegiadas, tras la realización de informes técnicos
previos, que se resuelven con bastante rapidez pues los asuntos se examinan con
periodicidad y puntualidad mensual. En la autorización se dice lo que se puede hacer, lo que no se puede hacer, las medidas de protección específicas y si hay alguna prescripción que cumplir. Las decisiones, naturalmente, están
sometidas a revisión por la propia administración competente y a recurso judicial
en los casos en que el solicitante considere que se han vulnerado sus
intereses.
En definitiva y para tratar de resumirlo en el caso concreto: la actuación de «Quasimodo y Esmeralda» sobre la torre de la iglesia de Santa María de la Antigua requería de autorización. Su concesión no la realiza un funcionario de manera arbitraria mediante una firma y un sello sino que se concede o deniega, con todas las garantías posibles, por una reunión de técnicos y expertos que lo decide tras un profundo examen de la documentación que aporta el solicitante. Como es obvio, todo ello está también sometido a régimen de inspección y en su caso sanción, sin perjuicio de que pudiera haber falta o delito si se careciera de autorización o si existiendo se actuara de manera negligente o contraria a lo autorizado. También es cierto que doctores tiene la iglesia y puede haber tantas interpretaciones de la norma como personas a interpretarla, lo que sin embargo no es excusa para eludir el trámite de autorización.
Llegados a este punto cabe decir que en este asunto hay una
profunda carencia de explicaciones sobre lo que ha pasado y las que se han dado
no parecen ser más que intentos de eludir la responsabilidad de cada parte y
culpabilizar al de al lado. Se han producido comunicados o declaraciones por casi
todos los implicados, a excepción del Arzobispado: el TAC, la Fundación Municipal
de Cultura de Valladolid (FMCVA), la Delegación Territorial, el Ayuntamiento,
hasta los artistas…, se han pronunciado y todos los protagonistas coinciden en que han actuado correctamente
y que de haber existido una infracción hay que buscar al responsable en otro
sitio. Curioso, para hacerse fotos a pie de torre hay metafóricas bofetadas, pero para retratarse
cuando la ocasión exige responsabilidad no faltan codazos de espantada y alaridos de ¡paga
el último!
El TAC ha manifestado la inexistencia de agresiones al
patrimonio y el absoluto respeto a éste, así como la alta calidad artística de
la propuesta. La FMCVA ha expresado que al constatar que existían dudas sobre
la autorización se solicitó una valoración jurídica sobre si era necesaria y se
decidió realizar la actividad, el primer día, por considerar que no se precisaba
y que era suficiente con el permiso del Arzobispado. El Ayuntamiento
(responsable también de la FMCVA) en una de sus variadas versiones declara que la
valoración jurídica se realizó hace un mes, y que la culpa de la cancelación es
de la asociación que denunció, ya que es afín a los partidos de la oposición y
que solamente quieren atacar a la concejalía del ramo. De hecho se ha argumentado
por los responsables del ayuntamiento que la instalación era efímera y que por
ello no pidieron autorización, e incluso se ha acudido al diccionario de la RAE
para apuntalar dicha afirmación; al parecer el léxico y el reloj protegen el
patrimonio mejor que las normas. No solo eso sino que, para complicarlo todo,
también se encuentra la atribución al Arzobispado, titular del bien, de la
responsabilidad de no pedir la autorización y de haber concedido un permiso
«imperfecto», al no haber contado con el visado de la administración
autonómica. Para acabar, la Delegación Territorial dice que se enteraron a toro pasado y que ha abierto un expediente.
Y como guinda los artistas, afrentados por la cancelación y
lo que al parecer ven como un cuestionamiento de su afán creativo, han expresado que aquellos tejados estaban como el palo de un gallinero y que no solo han actuado con total respeto y profesionalidad sino que han tenido que limpiarlo para poder trabajar. Lo han manifestado diciendo que encontraron una «iglesia
en estado avanzado de abandono» y que «nosotros, los franceses, […] protegimos».
La verdad es que ante tal descripción desoladora no está claro si hablaban de
la iglesia vallisoletana o si estaban describiendo el estado de la catedral de Notre Dame antes
de que «los franceses» la quemaran por un acceso imprudente al patrimonio.
La conclusión es que en este asunto hay pocas luces y muchas
sombras. Se debe explicar de manera clara si había que pedir autorización y por
qué no se pidió; a quién le correspondía, si al titular o al promotor de la
actuación; qué medidas se adoptarán para que esto no se repita; qué actuaciones
realizó la compañía de teatro sin autorización y supervisión técnica; si son
necesarias sanciones, cuáles y a quiénes corresponderán; qué medidas se van a
adoptar para evitar actuaciones similares en el futuro. Que queden claras las obligaciones
existentes en esto casos y si es admisible que para saltarse las normas, que buscan
proteger el bien común y que todos cumplen de manera invariable, valga con esgrimir
un informe jurídico, que lleva más tiempo de trabajo que solicitar una autorización
a la que se adjunta un proyecto que ya se debería tener. Que quede todo claro para conocimiento de los
primeros espadas, de los mozos, de los sustitutos, del monosabio y de Don
Tancredo.
La acción de las administraciones públicas requiere diversas
cualidades de objetividad, justicia, igualdad…, pero también de ejemplaridad. Cuando
se detecta un error en un acto administrativo es obligatorio asumir responsabilidades,
buscar el origen de aquel, procurar soluciones y aplicar correctivos. Tratar de
endosar la culpa a otro o eludir la responsabilidad amparándose en informes
previos que no se precisan, minan el prestigio de las administraciones y el
valor del servicio público; y traicionan el compromiso que adquieren los representantes que elegimos de actuar dignamente y ser modelo de comportamiento. Aunque peor es si se encarga ese informe una vez cometida la tropelía.
Es imperativo que se den explicaciones y que se pidan disculpas
a la ciudadanía por haber sustraído a los vallisoletanos el segundo pase de una
actuación tan magnífica. Y que se pidan excusas especialmente a la asociación altruista
que, con mero afán proteccionista, advirtió de lo que sucedía y que ha acabado
siendo vista, como si de un chivato carcelario se tratara, como la responsable
de que se cancelara la actuación. La obra cancelada podría haber transcurrido sin
incidentes si se hubiera actuado con ejemplaridad; sin personalismos y retóricas.
P.S.: Creo oportuno señalar dos cuestiones relevantes sucedidas después de publicar esta entrada. La primera: que el informe del Ayuntamiento por la suspensión del TAC se realizó sólo 22 minutos antes del primer pase del espectáculo, que por cierto estuvo a punto de suspenderse, y que la delegación territorial niega haberlo recibido. Y la segunda: que la Asociación por el Patrimonio de Valladolid emitió este comunicado defendiéndose de acusaciones y vindicando su labor.
Los acontecimientos parecen determinar que este lamentable suceso fue perpetrado por la FMCVA, bajo la tutela de la concejalía de cultura. A ellos habrá que demandar la explicación, disculpa y exigir la ejemplaridad.
P.S.2.: Tres semanas después aún no se sabe si hubo autorización y si la falta de ella es sancionable...
viernes, 4 de abril de 2025
MENUDO PELICULÓN
Se acaba de anunciar la creación del nuevo Museo del Cine. Al parecer el nuevo proyecto tiene como objetivo crear un centro expositivo que sirva de referencia de la actividad cinematográfica española. Para ello se ha cedido a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España el antiguo edificio del NO-DO, que según dice el comunicado del Ministerio de Cultura «será rehabilitado para su nuevo uso, permitirá la exhibición y conservación del patrimonio cinematográfico».
Pues hay tantas cosas que decir que no sabría cómo empezar. Y es que además no son buenas la mayoría. Entiendo como positivo y bien destacable que exista el propósito de crear un museo dedicado a «la preservación, compresión, valorización y celebración del patrimonio audiovisual español», que ya iba siendo hora, pero encuentro muchos claroscuros.
Empezaremos por una sucinta y básica clase de museología. Cualquier profesional del ramo conoce el clásico mantra de que los elementos constitutivos del museo son contenido, continente y público. La cosa es mucho más complicada, por supuesto, ya que cualquier disciplina evoluciona y aunque el adagio ya está superado nos viene de perlas para empezar el análisis de la propuesta presentada. Vemos así que el futuro museo parece tener edificio: el del NO-DO. Se habla de algo parecido a una colección: archivos de cineastas como Jaime de Armiñán o Iván Zulueta y hasta 70.000 negativos del noticiario propagandístico, ahora en la Filmoteca Española. Y el público, pues ya vendrá.
![]() |
| Edificio del NO-DO |
El problema radica en que estamos acostumbrados a que se hagan museos desde el tejado y Dios proveerá. Pero si bien es cierto que es habitual encontrarse anuncios como el que nos ocupa, no es frecuente que proyectos tan poco hilados provengan del Ministerio de Cultura. Mireusté, que lo haga el alcalde de Matalaspocillas en las antiguas escuelas con fondos FEDER y apoyo de la Diputación o de la Administración de la Comunidad Autónoma puede ser. Pero no es admisible que el señor ministro diga que anunciamos «el acuerdo para ceder el edificio. A partir de aquí, hay que concretar un proyecto, una museografía, ver las necesidades financiera y tomar las necesidades», o que el director de la academia de cine diga que «es un trabajo ingente, que nos va a llevar meses y años y que merece muchísimo la pena. Las ideas que tenemos sobre el futuro del museo están poco definidas, hemos empezado a hablar ahora». Al menos no lo anuncies hasta haber avanzado un poco más.
Suelo tener como referente la labor de los profesionales de museos del Ministerio de Cultura, Subdirección General de Museos mediante, y me desazona que ahora se nos coloque en la mesa un «museo de temporada». Y es que da la sensación de que este ministro ha mandado a los gregarios a lanzar el esprint electoral y que anda más preocupado de la etapa que de la general. Pues pronto empieza. En otra ocasión alabé la decisión de comenzar la descolonización de los museos españoles, y también he estado de acuerdo en el compromiso para el tratamiento ético de los restos humanos, pero este último anuncio de colaboración parece un recuelo de proyectos arrumbados exigido por la necesidad de estar en el candelero. Las expresiones «resignificar» el edificio y es «la primera piedra, como se decía en los tiempos de Franco, para hacer el Museo del Cine» dichas en la presentación solamente puedo entenderlas como butades nacidas de tal propósito o como un tosco ejercicio de márquetin.
Dicho lo anterior, creo que no tiene por qué salir mal el proyecto. Por ejemplo, nadie daba un duro en su momento por el Museo Nacional de Arquitectura y Urbanismo y ahí lo tienen; con otro nombre y quizá menos ambición pero existe. Estoy convencido que la maquinaria estatal llegará a buen puerto con el proyecto; ojalá lo veamos pronto y sirva fielmente a la misión que se le adscriba. Pero también soy firme defensor de empezar los museos por los cimientos de la planificación museal y de que se levanten de manera ordenada.
La verdad es que prensa y políticos tienen mucho de qué avergonzarse.
Los medios de comunicación por publicar en sus portadas que Madrid ha
arrebatado el proyecto a Valladolid, pues esto no es cierto de ninguna
de las maneras como se puede observar con una miradita a las hemerotecas. El ministerio lleva hablando con la Academia desde al
menos 2017, cuando ya el alcalde anterior expresaba en sendas cartas al entonces ministro popular «desde el Ayuntamiento de Valladolid quiero transmitirte nuestro interés en postular a mi ciudad como sede de dicho Museo».
Además, en buena lógica un museo nacional del cine debe estar donde se aúnan geográficamente el
Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, la sede
de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, la Filmoteca Nacional y un edificio disponible con unos
antecedentes tan potentes como los del NO-DO. Que está bien que se repartan
territorialmente las instituciones estatales pero descentralizar por
descentralizar no es buena idea.
Y los políticos de ambos lados porque ni ellos mismos se
aclaran. Ya hablé
en su día de sus propuestas electorales y allí decía que no estaban
suficientemente trabajadas y menos definidas. Estos partidos (el tercero ni
siquiera tenía programa) hablaban de una institución museística dedicada al
cine, al audiovisual y a lo interactivo. No sabemos muy bien qué querían
hacer (ellos tampoco, seguramente), pero sabemos que se quería hacer algo.
Esto es algo chocante porque da la sensación de que quienes redactan los
programas piensan que las simples reclamaciones o aspiraciones tienen
presunción de tangibilidad y que su expresión en papel sirve para que el resto
de las instituciones se den por aludidas o para que los proyectos salgan como hongos después de una tarde de lluvia. Si esto es la política actual poca
utilidad tiene.
Cierto es que el partido opositor puede jugar la baza de
que lo suyo era una propuesta y que al no haber sido agraciado con la mayoría de gobierno no tiene
responsabilidad sobre su conclusión. Incluso puede argumentarse que aunque sus gestiones
tampoco tuvieron éxito al menos han tenido la suerte de que durante su
legislatura seguía habiendo posibilidades de que el museo recalara aquí. Y sí, manifestó
apoyo a la propuesta del actual ayuntamiento, pero en la actual política a base de blancos y negros que nos regalan los munícipes electos no era de esperar que hubiera
más grises que el premioso apoyo a la moción municipal
solicitando al Gobierno de España la ubicación en Valladolid del Museo
Nacional del Cine y el Audiovisual. En definitiva, y aunque sea de manera nimia,
puede escurrir un poco el bulto.
Pero también es cierto que quien se lleva los laureles del gobierno municipal ve sus propuestas convertidas en compromisos de manera automática y que no puede pretender que basta con promover una iniciativa para que esta sea atendida; por mucho que el apoyo sea unánime. Los éxitos se fraguan mediante trabajo y si no se tienen bastantes medios se concitan voluntades. Y Valladolid tiene entre estas a la Uva, con la cátedra de cine; a la Cámara Oficial de Comercio e Industria, con sus posibilidades de financiación; a la SEMINCI, un recurso publicitario como ninguno; a la Valladolid Film Comission, una oficina destinada a favorecer proyectos audiovisuales, etc. No bastaba con promover la moción y su traslado al Ministerio de Cultura, sino que habría que haber buscado una sede (me gustaría, por cierto, saber en cuál estaban pensando), hilvanado un proyecto sólido, garantizado apoyos suficientes y quizá, solo quizá, se podría haber conseguido el proyecto. La cosa es así; puedes tener un sueño y te puedes dejar los cuernos en ese proyecto, pero aún así te puedes quedar sin él. Y aunque nada te asegura el éxito al menos hay que buscarlo pues lo único seguro es que la indolencia te acaba pintando la cara. Y esta cara quizá habría que buscarla en la concejalía competente que yo, a día de hoy, soy aún incapaz de determinar.
Pero la verdad es que ni unos ni otros han aprovechado que la cartera ministerial perteneciera a su mismo signo político cuando tuvieron la oportunidad (suponiendo que sea veraz la hipótesis de que se puede influir en un ministerio, así, tan alegremente, con media docena de visitas a la capital). Y me sume en la tristeza comprobar que mi ciudad sigue siendo así de provinciana. Claro que me gustaría tener otro museo nacional de envergadura, pero a falta de nuevos proyectos podríamos apoyar un poco más a los que ya tenemos. Claro que empieza a hartar que Madrid se vuelva a quedar con otro gran proyecto, pero para luchar contra todas las ventajas que culturalmente tiene hay que usar las armas de la iniciativa, el trabajo, el talento y la cooperación. Claro que se trata de una reivindicación histórica, pero hay momentos en los que es necesario darse cuenta de qué cosas no son posibles y avanzar. Claro que la ciudad tiene una posición relevante en la cultura española, pero no la vamos a defender con luchas intestinas que solamente resuenan en la cámara de eco de las redes sociales o sacando pecho por aparecer en el ranquin de un observatorio que cada año aparece precisamente para eso. En materia de museos, al menos, les falta calle.
Parece que algunos pensaban que el proyecto anhelado del museo del cine en Valladolid se iba a construir del material del que están hechos los sueños, remendando la legendaria y muy cinematográfica frase de Sam Spade. Pero la verdad es «que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son».

