martes, 12 de mayo de 2026

LA SEXTA PLANTA

Normalmente en este blog se habla de museos, pero en esta ocasión se va a conmemorar una efeméride. La mía.

Hoy es el día en que subo a la sexta planta. Vamos, que cumplo 60 y ya se me puede llamar sexagenario. Parece ser que podré aprovecharme de beneficios en algunas cosas tangibles, pero por contra es posible que me cueste más conseguir otras. Salvo este par de novedades la diferencia con el día de ayer es prácticamente nula.

Por otra parte, me parece buen momento para hacer una reflexión sobre estos años vividos ya que no sé si en el futuro tendré ganas de examinar el pasado, o si incluso me va a convenir. Pero lo inevitable es que este repaso, seguro, me va a conducir por caminos por los que hace tiempo que no paso, o por senderos que evito, consciente o inconscientemente. Incluso puede que vagabundee por sitios olvidados o que redescubra pasajes que estamparon más carácter en mí de lo que nunca haya imaginado. Seguidme si queréis.

Si hay que empezar por algo será por decir que no me arrepiento de absolutamente nada de lo que he hecho o dicho; y del mismo modo de lo que no hice o dije. Es posible que actuara de otro modo si hoy día me enfrentara a determinadas situaciones del pasado, porque es fácil decirlo ahora que se conocen las derivadas, pero si lo hubiera hecho también es cierto que no sería como soy, ni tendría lo que tengo. Estoy muy contento de ambas cosas y de la vida que he tenido, así que no querría que cambiara por nada; aunque pudiera volver atrás en el tiempo para cambiarlo. Y si bien es seguro que llegados a este punto fuera adecuado que expresara una o dos disculpas, o cientos si soy sincero, no parecería congruente formularlas a la par que proclamo mi falta de arrepentimiento. No obstante, sí creo justo expresar que lamento haber sido de aquella manera en aquella ocasión. No era el que soy ahora.

Seguiré por decir que he tenido la mejor de las familias y los mejores amigos. Cuando entré al cincuenteno dediqué a mis padres esta entrada en este mismo blog, y por ella ya sabéis poco más o menos por qué me dedico a lo que me dedico. Hoy es día para declarar que ellos pusieron los cimientos, sólidos creo, de mi personalidad. De ellos vienen mi temperamento, mis referentes éticos y morales, mis valores, los ideales, alguna afición y numerosos modos de comportamiento. Hasta algunos de mis prejuicios e intolerancias vienen de ellos; pero de estas imperfecciones quizá hable cuando llegue a los 70. Y puede que también opine de las incoherencias, que son enteramente mías.


Justo es que también mencione al resto de mi familia, ausente y presente, carnal y política; y en particular a mis hermanas que siempre están ahí. Sobre todo a mi hija Claudia. La mejor de las hijas y el principal aliento para mantenerme joven, activo e ilusionado. Y que me acuerde de todos los amigos que lo fueron y serán. Y no porque yo se lo haya dicho expresamente, que ya saben ellos que no soy mucho de hablar y expresarme tan desnuda o llanamente; porque hay cosas que no hace faltas decirlas si puedes hacer que se intuyan.

Y cómo no, que recuerde a la persona que siendo amiga también es familia y siendo familia también es amiga: Alicia, compañera de vida. Tengo claro que si no fuera por ella yo no estaría orgulloso de ser como soy; porque sería de otra manera. De un modo peor, seguramente, a la par que menos interesante, divertido, alegre y emocional. Me causa congoja pensar en no haberla conocido.

He aprendido mucho de cualquiera de los anteriores que he mencionado. He observado de ellos el cómo hacer para ser mejor y afrontar o evitar situaciones. He rumiado sus defectos para perfeccionar los míos, siempre con el riesgo de ir creando otros; menos dañinos confío. También he copiado o adaptado comportamientos para intentar perfeccionarme y corregir mi relación con ellos y con el resto de las personas y ambientes con los que he participado. Y también he aprendido a no ser como aquellos a quien no he mentado; que no los menciono para no dejarlos en evidencia. Porque gracias a ellos también he llegado a entender que una buena manera de acertar es no hacer lo mismo que ciertas personas.

Sabéis que soy introspectivo y ello me ha llevado a analizar mucho mi conducta, siempre hacia el propósito de ser buena persona y dejar el mundo mejor de cómo lo encontré; como buen scout que soy. Esta actitud y ese entrenamiento me han llevado a fraguar mis opiniones, cuyo derecho a defender, escuchar y respetar reclamo tanto como defiendo el mismo derecho para otros. E igualmente defiendo y reivindico la prerrogativa de cambiar de opinión cuando lo considere; si bien me comprometo a que venga de una transformación antes que de una permuta interesada.

Al final este panegírico autocomplaciente se ha convertido en un magnífico homenaje a vosotros, a los que quiero. Creo que no podría haber sucedido de otro modo pues así de importantes sois para mí. 

Y ya que está dicho casi todo no parece que deba extenderme más. Nos vamos viendo.