Normalmente en este blog se habla de museos, pero en esta
ocasión se va a conmemorar una efeméride. La mía.
Hoy es el día en que subo a la sexta planta. Vamos, que
cumplo 60 y ya se me puede llamar sexagenario. Parece ser que podré aprovecharme de beneficios
en algunas cosas tangibles, pero por contra es posible que me cueste más conseguir
otras. Salvo este par de novedades la diferencia con el día de ayer es
prácticamente nula.
Por otra parte, me parece buen momento para hacer una
reflexión sobre estos años vividos ya que no sé si en el futuro tendré ganas de
examinar el pasado, o si incluso me va a convenir. Pero lo inevitable es que este
repaso, seguro, me va a conducir por caminos por los que hace tiempo que no paso,
o por senderos que evito, consciente o inconscientemente. Incluso puede que vagabundee
por sitios olvidados o que redescubra pasajes que estamparon más carácter en mí
de lo que nunca haya imaginado. Seguidme si queréis.
Si hay que empezar por algo será por decir que no me
arrepiento de absolutamente nada de lo que he hecho o dicho; y del mismo modo
de lo que no hice o dije. Es posible que actuara de otro modo si hoy día me
enfrentara a determinadas situaciones del pasado, porque es fácil decirlo ahora
que se conocen las derivadas, pero si lo hubiera hecho también es cierto que no
sería como soy, ni tendría lo que tengo. Estoy muy contento de ambas cosas y de
la vida que he tenido, así que no querría que cambiara por nada; aunque
pudiera volver atrás en el tiempo para cambiarlo. Y si bien es seguro que llegados
a este punto fuera adecuado que expresara una o dos disculpas, o cientos si soy
sincero, no parecería congruente formularlas a la par que proclamo mi falta de
arrepentimiento. No obstante, sí creo justo expresar que lamento haber sido de
aquella manera en aquella ocasión. No era el que soy ahora.
Seguiré por decir que he tenido la mejor de las familias y
los mejores amigos. Cuando entré al cincuenteno dediqué
a mis padres esta entrada en este mismo blog, y por ella ya sabéis poco más
o menos por qué me dedico a lo que me dedico. Hoy es día para declarar que ellos
pusieron los cimientos, sólidos creo, de mi personalidad. De ellos vienen mi
temperamento, mis referentes éticos y morales, mis valores, los ideales, alguna
afición y numerosos modos de comportamiento. Hasta algunos de mis prejuicios e
intolerancias vienen de ellos; pero de estas imperfecciones quizá hable cuando
llegue a los 70. Y puede que también opine de las incoherencias, que son
enteramente mías.
Justo es que también mencione al resto de mi familia, ausente y presente, carnal y política; y en particular a mis hermanas que siempre están ahí. Sobre todo a mi hija Claudia. La mejor de las hijas y el principal aliento para mantenerme joven, activo e ilusionado. Y que me acuerde de todos los amigos que lo fueron y serán. Y no porque yo se lo haya dicho expresamente, que ya saben ellos que no soy mucho de hablar y expresarme tan desnuda o llanamente; porque hay cosas que no hace faltas decirlas si puedes hacer que se intuyan.
Y cómo no, que recuerde a la persona que siendo amiga
también es familia y siendo familia también es amiga: Alicia, compañera de
vida. Tengo claro que si no fuera por ella yo no estaría orgulloso de ser como
soy; porque sería de otra manera. De un modo peor, seguramente, a la par que
menos interesante, divertido, alegre y emocional. Me causa congoja pensar en no
haberla conocido.
He aprendido mucho de cualquiera de los anteriores que he
mencionado. He observado de ellos el cómo hacer para ser mejor y afrontar o
evitar situaciones. He rumiado sus defectos para perfeccionar los míos, siempre
con el riesgo de ir creando otros; menos dañinos confío. También he copiado o
adaptado comportamientos para intentar perfeccionarme y corregir mi relación
con ellos y con el resto de las personas y ambientes con los que he
participado. Y también he aprendido a no ser como aquellos a quien no he mentado;
que no los menciono para no dejarlos en evidencia. Porque gracias a ellos también he llegado a entender que
una buena manera de acertar es no hacer lo mismo que ciertas personas.
Sabéis que soy introspectivo y ello me ha llevado a analizar mucho mi conducta, siempre hacia el propósito de ser buena persona y dejar el
mundo mejor de cómo lo encontré; como buen scout que soy. Esta actitud y ese entrenamiento
me han llevado a fraguar mis opiniones, cuyo derecho a defender, escuchar y
respetar reclamo tanto como defiendo el mismo derecho para otros. E igualmente defiendo
y reivindico la prerrogativa de cambiar de opinión cuando lo considere; si bien
me comprometo a que venga de una transformación antes que de una permuta
interesada.
Al final este panegírico autocomplaciente se ha convertido en un magnífico homenaje a vosotros, a los que quiero. Creo que no podría haber sucedido de otro modo pues así de importantes sois para mí.
Y ya que está dicho casi todo no parece que deba extenderme más. Nos vamos viendo.