miércoles, 18 de enero de 2017

Lo que no se paga no se valora


Interesante reflexión que habréis oído infinidad de veces aplicada a los servicios públicos. Y seguramente muchos estáis de acuerdo con lo que expresa. Es posible que incluso lo hayáis planteado con otras palabras: “lo que es gratis no merece la pena”. A mi parecer se trata de una falacia asentada en la convicción de que siempre que se presta un servicio es preciso que exista compensación económica a cambio y en la certeza, derivada de lo anterior, de que es válida también para los servicios públicos. El problema es que la frase, así aplicada, es una manera de inducirnos a pensar que la calidad de los servicios públicos puede estar determinada por su coste o, lo que es lo mismo, que si algo tiene un precio bajo es porque su calidad es inferior. Estos, en materia de cultura, son axiomas al menos discutibles, del mismo modo que lo son en el caso de la educación o de la sanidad.

Como veis, es posible inferir multitud de explicaciones a partir del título del post. Seguro que todas tienen su parte de razón y seguro que todas son en parte falsas. Yo no voy a evaluarlo en términos estrictamente económicos, sino que intentaré hacer un análisis desde el punto de vista de los museos públicos.

Cuando un servicio no funciona bien (o le parece a alguien que es así), una de las soluciones más sencillas a adoptar es la emulación de fórmulas de gestión que tienen éxito en otros lugares. Ya sea educación (¡el mejor modelo es el finlandés!), sanidad (¡en EE.UU están pensando en aplicar el modelo español de la seguridad social!), energía (¡los alemanes están apostando por…!), tendemos a tratar de copiar remedios ya contrastados pero olvidando que las soluciones a los problemas no son universales, como tampoco lo son las sociedades y menos aún la solvencia de los políticos. Que otros apliquen un modelo que les funciona bien no significa que sea mejor que lo que tenemos y tampoco es cierto que las soluciones externas sean fácilmente aplicables en un entorno diferente: en nuestro caso el español. Seguramente podrán servir de inspiración, pero lo que está claro es que la simple imitación no es un remedio magistral, sobre todo si no hacemos un análisis previo de los condicionantes y de la viabilidad de lo que se quiere aplicar.

La reflexión sobre el cobro o gratuidad es un debate recurrente: ejemplos recientes son la noticia la gratuidad en el acceso al Museo Patio Herreriano a partir de 2017, este reportaje sobre la cuestión, o más recientemente el anuncio de la intención de regular mediante pago las visitas al Panteón de Agripa. En el caso de los museos cuando surgen estos debates siempre me pregunto: ¿alguien ha analizado el público del museo y tomado una decisión sobre la base de ese análisis? ¿Las tarifas del museo se establecen por comparación, por intuición o porque alguien ha valorado el impacto de adoptar una u otra medida? Y las exenciones, ¿por qué son esas y no otras? ¿Qué motivo nos lleva a establecer visitas explicadas cautivas a un monumento? Y los horarios de apertura, ¿son lógicos...? Perdón que me dejo llevar…

Si escaso o nulo es el estudio de los requisitos de acceso a los museos públicos, se puede decir que inexistente es el análisis generado desde la premisa de que el valor que tiene la visita al museo debe primar por encima de la asignación de un precio, de la exigencia de una contrapartida económica para acceder al beneficio cultural. ¿Y por qué, me diréis, si está claro que su mantenimiento y puesta a disposición del ciudadano genera unas cargas y una asignación de recursos? Pues por una sencilla razón: porque ya pagamos unos impuestos que deben destinarse a sufragar esos costes. Porque lo que custodian esos museos es patrimonio cultural que debe ser universalmente accesible, porque en ese ámbito su acceso básico debe ser gratuito y porque de no hacerlo así estaremos poniendo barreras a su transmisión plena. Y si buscamos una respuesta más pragmática porque, por mucho que queramos, en el modelo museístico español los ingresos por entradas no cubren los costes operativos en la mayor parte de los casos; y no sólo eso, sino que en el caso de museos públicos los ingresos no revierten a la propia institución sino a la administración gestora, que lo ingresa en una caja común.

Dejando a un lado casos excepcionales, y siguiendo esta línea argumental, me podréis plantear que los museos ya no son solamente un bien esencial sino un recurso económico, con posibilidades de convertirse en motor económico, sobre todo en zonas deprimidas, un generador de empleo de calidad y un elemento para evitar la despoblación y bla, bla, bla… Podréis decir, ciertamente, que las estadísticas culturales así lo demuestran, que el gasto por persona en cultura tiende a crecer, o podréis mencionar la importante participación de la cultura en el PIB. No voy a negar el valor económico de los recursos patrimoniales, pero en este caso es muy común la tentación de reducir los argumentos para convertirlos en un mantra repetido de manera interesada entre los “malos” gestores públicos, los cuales tratan de camuflar sus carencias al amparo de la incorporación de una economía de mercado a la tarea de administrar los museos. Ante esto, yo me pregunto si los más ardientes defensores del cobro para la entrada a museos públicos estarían dispuestos a someter sus emolumentos al cumplimiento de objetivos.

Los datos, inapelables en lo cuantitativo, no son tan ciertos cuando los bajamos al terreno de lo inmediato o cuando nos referimos a casos concretos, sobre todo si como es habitual no ha existido planificación museística previa (concretamente en los aspectos que interesan a un plan de viabilidad). En consecuencia, el mensaje a los gestores públicos debe ser que la buena gestión no se encuentra en la capacidad para generar ingresos mediante el simple cobro de entradas, sino que deben buscarse alternativas que hagan sostenible a la institución: responsabilidad social corporativa, fórmulas de patrocinio y mecenazgo, transparencia, etc…

Foto Pixabay
Es más, admitiendo que el cobro de una entrada fuera irrenunciable: ¿qué criterios debemos utilizar para establecer la tarifa? Entre otras cosas porque la percepción sobre si un precio está bien establecido es altamente subjetiva. Hazte las siguientes preguntas: ¿cuánto estás dispuesto a pagar por entrar a un museo? y ¿de qué depende tu percepción sobre el precio? Puede depender de tu interés en verlo (si eres aficionado al tema que trata), de que sea el típico museo que no puedes dejar de ver (el Museo Nacional del Prado si vas a Madrid), de que la visita la hagas sólo o acompañado y quieras asumir todo el coste (una simple visita de 3 € puede convertirse en 12 € para una familia media), del prestigio del museo y sus campañas de promoción (un museo con buen marketing tiene mayor tirón), de la comparación con otros (¿qué tiene ese museo para que cueste tanto?), del tipo de visita que pretendes hacer (corta, larga, una sala…).

En definitiva, la experiencia de la visita es múltiple y por tanto no es posible crear precios ajustados a cada realidad. No obstante, si no podemos dejar de aplicar generalidades, lo que si podremos hacer es buscar soluciones que asimilen el mayor número de situaciones. Para ello lo primero que debemos hacer es preguntar al visitante (real o posible) sobre la valoración que hace de la entrada: si debe ser gratuita o debe pagarse, cuánto estaría dispuesto a pagar, en qué circunstancias, etc. Y sobre esa información establecer una política de precios que permita conjugar el acceso público con las necesidades del museo, teniendo en cuenta que las modificaciones en el precio a la alta o a la baja pueden emitir un mensaje de elitismo o banalización.

No dejemos tampoco de explorar posibilidades de mejora en la política de precios, como la aplicación de determinadas exenciones, el uso de bonos de visita para el propio centro o en colaboración con otros centros y servicios, la reducción de precios acompañada de una explotación optimizada de otros servicios del museo (tiendas, consignas, cafeterías) o, como ya se empiezan a plantear en algunos museos, la aplicación de precios variables según demanda (encarecimiento los fines de semana o encarecimiento progresivo hacia períodos finales de exposiciones temporales, horas de acceso más baratas…).

A la afirmación de “lo que no se paga no se valora” quizá habría que contraponer la afirmación “aprende a valorar lo que visitas y entiende su coste y precio” (una manera sencilla de resumirlo sería la genial frase de Quevedo de que “todo necio confunde valor y precio”). En este caso lo primero que deberíamos tener en cuenta es el valor de la cultura y su acceso y transmisión como derecho fundamental, teniendo en cuenta también los beneficios que genera en el desarrollo de nuestra personalidad y de nuestra identidad individual o común. La explicación de estos principios es otro trabajo a añadir a la labor que habitualmente hacemos en los museos.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Bitácoras de AR&PA 2016


En ocasiones tienes la oportunidad de abordar proyectos que te atraen y que piensas que podrían suponer un pequeño progreso para el entorno inmediato en que desarrollas tu vida profesional.

La reunión de blogueros que celebramos el otro día en el marco de la Bienal AR&PA 2016 es uno de estos casos. Ya es frecuente que los blogueros sean invitados a eventos culturales con el objetivo de replicar su difusión (si queréis conocer algunas experiencias os lo cuenta Clara Merín). También existen ejemplos de experiencias editoriales colaborativas, acompañadas o no de foros de participación (ARCO Bloggers). No cabe sino agradecer a los que nos precedieron la puesta en marcha de experiencias de este tipo y su generosidad al dar difusión de las mismas.

Consuelo (Mariché) Escribano (@consuelosescriba) y yo mismo (@jl_hoyas) quisimos incorporar esta práctica, cuyo éxito se ha comprobado, durante la celebración de la Bienal. El propósito publicado en la convocatoria era el "encuentro con especialistas relacionados con la protección y transmisión del patrimonio cultural a través de canales 2.0 […] por la importancia que empiezan a asumir las bitácoras personales o profesionales a la hora de utilizar dinámicas de comunicación y participación en la red, y por su potencial como herramientas de conocimiento y activación del patrimonio cultural”. Añadamos que los perfiles de los blog seleccionados siguen diversas ópticas como las ciencias sociales, la educación, los jóvenes, la perspectiva de género, los viajes culturales o las nuevas tecnologías, entre otras.

Un segundo propósito, no menos importante, era el de insertar una pequeña cuña socialmedia en la difusión de labor de conservación y transmisión del patrimonio cultural que realizan las administraciones públicas, en este caso la Junta de Castilla y León, para activar otros canales de participación y colaboración, más dinámicos y posiblemente más frescos.

La respuesta de los participantes ha sido inestimable, tanto por su generosidad al acudir a la convocatoria sin reparos (es justo mencionar que todos han venido a sus propias expensas), como por su capacidad para aportar solidariamente sus conocimientos y por disculpar gentilmente los pequeños errores y desajustes que siempre se producen. También ha sido excelente la confianza que ha depositado en nosotros la organización de la Bienal AR&PA para desarrollar la actividad, un apoyo que se hizo patente con la presencia del Director General de Patrimonio Cultural en la inauguración del encuentro y que ha venido acompañada de una difusión que nunca hubiéramos imaginado; bienvenida sea.

Foto de famila bloguera de @AliciaVillarP para @bienalarpa

En nuestro caso se optó por la celebración de una visita privada en el primer día de la Feria AR&PA y de un encuentro con los blogueros el último día de la misma. Para concretar la dinámica de trabajo señalaré que el encuentro se activó mediante la presentación de cada uno de los blogs, seguida de una breve intervención de los blogueros, para pasar a una participación general, en formato de tertulia, que tuvo interesantes e incluso divertidas aportaciones. El arranque de éstas se facilitó a través de la pregunta ¿sirven vuestros blogs para escuchar y responder, o solamente para transmitir vuestro mensaje?, que dio paso a la pregunta más directa de ¿por qué difundís el patrimonio a través de este canal? La coyuntura vino a enlazar nuevas preguntas y matices que añadir a aquellas, en un delicioso ejercicio de participación, opinión, respeto y grandeza que alargaron la charla durante dos horas. El resumen de lo tratado puede ser el siguiente:
  • No hay un patrón en cuanto al seguimiento que hacen los blogueros de sus entradas. Los hay que saben cuántas personas los visitan junto a otros que no lo miran y que ni les preocupa. Eso sí, todos agradecen la realimentación y atienden quejas y sugerencias; ello les ayuda a mejorar e incluso a orientar sus ediciones. No obstante, alguna opinión externa manifestó la tendencia del bloguero a escribir para sí mismo sin esperar, o incluso desear, que se generen opiniones sobre los trabajos. 
  • El amor por el patrimonio cultural y su difusión parece un sentimiento común, y en muchas ocasiones ha nacido en la infancia gracias a que proceden de familias en que ese sentimiento se ha fomentado. Los blogueros comparten su opinión en una acción sobre todo desinteresada que responde a la necesidad de darla a conocer.
  • Un planteamiento que flotaba continuamente en las intervenciones es el de “educar al lector”. Los blogs tienen una profunda vocación educativa y procuran el uso de instrumentos didácticos e interpretativos, de modo que el seguidor aprenda a mirar el patrimonio cultural, a conservarlo y a transmitirlo. En esta línea se produjeron dos intervenciones del público: la primera para valorar el esfuerzo de los blogs, pero interesándose en alguna manera de certificar la calidad de sus contenidos para su uso educativo y la segunda para apreciar el éxito de la iniciativa “AR&PA en Familia” como medio para infundir el valor del patrimonio cultural en el ciudadano desde edades tempranas.
  • También se estableció debate sobre la conveniencia de contar con prescriptores culturales. Se ofreció la pregunta ¿por qué hay tan pocos famosos que recomienden el disfrute cultural o que hagan publicidad de recursos del patrimonio cultural? ¿No sería positivo que actores, deportistas, políticos…, invitaran a sus seguidores a visitar museos, teatros o bibliotecas? Y (añado yo según mi percepción) ¿por qué los escritores, artistas o actores no recomiendan las actividades culturales más allá de sus propias creaciones o de las que corresponden a su sector?
  • Y la juventud. José Miguel Travieso intervino casi al final para celebrar la mocedad de gran parte de los blogueros convocados. Es una buena noticia que la difusión del patrimonio cultural tenga continuidad en las generaciones que llegan.
Pues bien, hecho el relato, sólo queda repetir mi profundo agradecimiento a los participantes, a los asistentes, y fundamentalmente a Mariché por su capacidad de convocatoria y organización. El éxito de la jornada es sobre todo mérito suyo. Confío en que haya más jornadas como esta y que los blogs culturales vayan adquiriendo más presencia en la programación de eventos de este tipo.

Vuestros comentarios se esperan aquí debajo ;)

martes, 8 de noviembre de 2016

A propósito de AR&PA 2016. ¡Gracias, blogueros!


Ya estamos ante la nueva edición de AR&PA, la X edición de la Bienal de la Restauración y Gestión del Patrimonio que con tan magnífico título se celebra desde 1998. Dieciocho años durante los que hemos crecido profesionalmente, en los que hemos diversificado nuestra visión e interpretación del Patrimonio Cultural, en los que hemos conocido un sinfín de empresas, personas, proyectos, ideas... Algunas de las cuales seguramente se han consolidado en el propósito patrimonial para el que nacieron y otras se habrán quedado en el camino; nadie se acuerda ya de ellas.

Naturalmente ha habido éxitos y fracasos, ilusiones y decepciones, intereses y principios, encuentros y desencuentros, pruebas y demostraciones. Pero lo realmente importante es que ya se han celebrado, una tras otra, hasta diez convocatorias en las que se ha comunicado y debatido el conocimiento, se ha mostrado y evaluado el trabajo de los profesionales del patrimonio, se han dado a conocer valores y manifestaciones culturales desconocidas, se han perfeccionado modelos indispensables para la gestión patrimonial, se han generado redes de intercambio y participación, se ha asistido al alumbramiento de nuevas tecnologías y su generalización, se ha abierto el Patrimonio a la sociedad y a los ciudadanos tanto como a los profesionales, y está en la calle del mismo modo que se encuentra en los laboratorios. Ahora AR&PA es global y compartida. No es de nadie y es de todos.

Y esto ha sucedido aquí cerquita y gracias al esfuerzo de las administraciones públicas y el apoyo y confianza que ha puesto el sector privado en ellas. Y ha sucedido gracias, siempre lo digo, a muchas personas que trabajan cada día de esos intervalos de dos años para que AR&PA sea lo que es.

En mi caso he participado en las dos últimas ediciones con mi humilde contribución, en 2012 a cargo de un stand y en 2014 a cargo de las redes sociales. Y este año me comprometo con un formato que, sin ser novedoso, no tiene antecedentes en AR&PA: me refiero a la reunión de blogueros que hemos llamado “Patrimonio en Red”, una confluencia de especialistas que se caracterizan por difundir sus opiniones mediante blogs, en lo que supone la entrada en la Bienal de nuevas dinámicas de comunicación y participación en la red. Una actividad que tiene el éxito asegurado solamente por la generosidad y disposición de sus participantes y que esperamos que tenga continuidad para futuras convocatorias.

La selección de blogueros es nuestra, de @consueloescriba y @jl_hoyas, a partir de nuestros gustos e intereses personales o profesionales, y en ella se han buscado diversas formas de difundir el patrimonio, tratando de añadir otros puntos de vista y de favorecer el diálogo crítico. ¿Conseguiremos nuestro propósito? Estáis invitados a comprobarlo, os esperamos.

Mientras tanto este post y mi agradecimiento es para 16 blogueras y blogueros.

jueves, 6 de octubre de 2016

La banda del Patio


El Museo Patio Herreriano ha caído recientemente sobre la mesa de plenos del Ayuntamiento de Valladolid y se ha convertido en pasto de pendencias políticas. Repentinamente ha pasado a estar en boca de todos y no por buenos motivos.

Para poneros en situación os contaré que la cosa del Patio Herreriano comenzó hace unos pocos años, durante la burbuja, cuando todas las grandes ciudades españolas querían su “Guggen” y, a nivel regional, se competía por tener museo de arte contemporáneo propio, para unirlo al aeropuerto propio o a la universidad propia, en esa carrera de méritos provincial que tanto nos gusta por aquí. Así que se tomó un edificio, se rehabilitó, y se le inyectó junto al cemento una colección convenientemente apadrinada, un presupuesto profuso y un plan director. Ya se opinaba, a quien quería oírlo, que el Museo nacía hipotecado al comodato de la Asociación Colección Arte Contemporáneo, pero a nadie pareció interesar el riesgo evidente de sufrir una deslocalización de ésta; eran tiempos de vino y rosas.

Todo este conglomerado se fue diluyendo con los años, a base de cada vez más magros presupuestos (incluyendo rescates junteros para desajustes presupuestarios), de alguna que otra intromisión colonial, de soluciones cortas para tiempos largos y de crisis económica, mucha crisis económica. En consecuencia, el Museo devino en una pérdida de visitantes, en un aumento de usuarios por la vía del alquiler de espacios, y en una programación con importante interés museístico pero algo introspectiva, cuya cercanía a su comunidad y entorno inmediato no se ha sabido difundir. O comprender, pues a lo mejor es a mí al que le falta perspectiva.

Con la arribada de otros colores políticos al Ayuntamiento de Valladolid, y sobre todo no siendo predominante ninguno de ellos, tenía que llegar el momento en el que cada grupo quisiera poner su granito para reactivar el Museo; al menos los que consideran que necesita una renovación pues, al parecer, el grupo político anterior apuesta por mantener la gestión de los últimos años. Y esa renovación había de transitar entre el cambio de dirección (aunque para todo hay gustos) y una redefinición de las relaciones de la Fundación gestora con la Asociación que presta el grueso de la colección, sobre todo a tenor de lo que está sucediendo en los últimos tiempos con algunas de sus obras.

Así que no encontraron mejor lugar para debatir sobre el Museo que en el Pleno del Ayuntamiento, lo cual siendo muy democrático no parece adecuado para tratar de regir una institución que tiene un patronato (donde están representados todos los grupos políticos) y un consejo rector y que cuenta con los mecanismos de gestión habituales en estos casos. Cierto que el Museo es cosa de todos los vallisoletanos, pero no parece deseable que se intervenga en los asuntos de una institución cultural a golpe de pleno, sobre todo por parte de grupos políticos que cuando pudieron hacerlo no opinaron sobre el futuro del Museo Patio Herreriano.

También se quiere llevar el debate a la palestra ciudadana mediante la creación de un grupo de trabajo que defina el futuro del museo (nada en contra al respecto), pero la preocupación es que esta colaboración quiera hurtar las competencias que corresponden al patronato del museo. La participación ciudadana debe intervenir en la toma de decisiones, pero esa intervención es compatible con que ésta se realice en su foro natural, que es el patronato. Otra cosa es que la constitución de éste sea excesivamente institucional y política y que sea necesario modificar su composición para dar cabida a colectivos con interés legítimo. No obstante, procuremos que el discurso no sea “más dialéctico que factual”, como expresa Pilar Gonzalo en este estupendo post.

"Reyes precintados". Por Alex Castella from Gavà, Spain (DSC001421) [CC BY-SA 2.0]

Y el caso es que estas peripecias del Museo se producen en momentos delicados, debido a la incertidumbre sobre el comodato de los fondos de la Asociación Colección Arte Contemporáneo. No considero que sea tanta la inseguridad y no tengo duda de que el comodato se mantendrá, pues a las partes interesa, pero también es comprensible la preocupación porque se garantice la cesión de las obras y que se asegure la relevancia de las mismas. En ello están las partes y no tenemos porqué albergar dudas sobre el futuro de la colaboración.

Pero no está de más señalar que, bajo la perspectiva ciudadana, el tema se gestiona con titubeos y que el centro está demasiado sometido al vaivén de las luchas políticas. Hay también una percepción de que el asunto se podría haber resuelto con anterioridad al cese de la directora del Museo, para evitar fricciones innecesarias, si bien ya se sabía desde el pasado mes de julio que la plaza saldría a concurso. No obstante no nos engañemos: la continuidad de la Colección no va a depender de estas minucias y si al final se denuncia el comodato será por interés de la Asociación Colección Arte Contemporáneo. O quién sabe si por otro tipo de presiones interesadas (como veis, para levantar paranoias sirve cualquiera).

No obstante, ante posibles decisiones unilaterales de la Asociación habría que hacer de la necesidad virtud y prever alternativas; y preverlas ya. En definitiva ¿tiene sentido el Museo Patio Herreriano sin la colección? ¿O, si se prefiere, puede existir más allá de la colección? Yo creo que sí pero, partiendo de la base de que lo mejor es que la colección permanezca en Valladolid, deberíamos ir perfilando una línea de actuación que beneficie a la institución y a la ciudad. Para ello es necesario que tengamos claras unas pocas cosas:
  • La Dirección de este museo debe ser el pivote que articule las relaciones entre sus órganos rectores y que proponga las líneas generales de la actividad del Museo, siempre con la ayuda del comité asesor científico (que, por cierto, ¿por dónde anda?). Por eso es imprescindible que se saque a concurso la plaza a la mayor brevedad posible y que se eviten invenciones temporales que erosionan la labor que se quiere realizar. 
  • Entre las primeras cuestiones que se deben abordar está la redacción de un Plan Museológico actualizado, pues no parece que el Plan Director del año 2001 sea el instrumento más adecuado para abordar la renovación del Museo. Junto a ello es inevitable contar con un Plan de Viabilidad del Museo que defina los recursos necesarios para relanzarlo y para garantizar su sostenibilidad, así como su rentabilidad social y cultural. (ver actualización al final).
  • Se debe variar la composición del Patronato para que se adecúe a estándares actuales y se garantice una representación adecuada de los diferentes sectores. A ello habría que exigir la existencia de un compromiso de todos los grupos políticos para sacar al Museo Patio Herreriano del escenario político y para contemplar todas las cuestiones relativas a su gobernanza en el seno del patronato.
  • Todas las partes deben asumir un compromiso de transparencia y de lealtad con el Museo, con el resto de agentes y, sobre todo, con los ciudadanos de Valladolid. Nadie parece estar libre de culpa, a tenor de las denuncias sobre convocatorias de última hora, faltas de confianza o conocimiento de situaciones por la prensa que se vienen denunciando. Naturalmente, la lealtad o deslealtad es una opción personal y por tanto es responsabilidad de quien la toma.
Como veis ha habido palos para todos. Así que a trabajar más y a porfiar menos, que si en el Ayuntamiento se debatiera más sobre políticas culturales nos iría bastante mejor.


P.D.: A los recién llegados a esto, sobre todo políticos, la palabra “comodato” les hace segregar jugos diversos. Resulta gracioso comprobar el éxtasis en sus rostros cuando articulan esas cuatro sílabas alargando la "o" final. Co-mo-da-tooooo. Parece que están hablando del tesoro del Inca cuando lo pronuncian. ¡Criaturitas…!.

Actualización: He de hace una corrección a un erro mío. Sí existe Plan Museológico, pero también es de 2001 y algo escaso. Lo podéis ver en aquí 

jueves, 19 de mayo de 2016

Lo estamos pensando poco


Y llegó nuevamente el Día Internacional del Museo; con sus actividades extraordinarias; con sus jornadas de puertas abiertas; con sus noticias pintorescas saturando los medios; con sus listas de “los 10 museos que…”;  con fotos de infantes, usuarios despistados por la falta de costumbre en la visita o políticos sonrientes (y también despistados por la falta de costumbre); con sus reivindicaciones, que tratan de aprovechar que hoy es de los pocos días en que se hace caso a los museos y a sus trabajadores; con sus cifras, malditas cifras.

También es el día en que hay gente que visita un museo por primera vez para no volver; el día en que se inauguran actividades ordinarias que solamente retrasaron la fecha para añadir un poquillo de impulso mediático; el día en que se descubre la existencia de museos ignorados, que lo estaban por algo; el día en que algún político, por mor del despiste o del calentón, promete cosas que luego debe cumplir pues las ha manifestado en sala de prensa y a qué coste a veces; el día en que muchos usuarios se dan cuenta de que hay numerosísimas personas que trabajan a diario en los museos (también en esos en los que hay jornadas en las que no entra nadie); el día en el que el museo tiene menor competencia y puede visibilizar sus demandas, carencias y necesidades.

Esto no es una crítica a la celebración del DIM, sino al uso que hemos venido otorgando a la efeméride en los últimos años. Creo que muchos profesionales de museos nos hemos dejado llevar por la autocomplacencia (con la colaboración interesada de los titulares de los museos y la complicidad o falta de exigencia del usuario) y hemos transformado el DIM en un objetivo en sí mismo, más que en un medio para alcanzar un propósito. A veces pienso que nos quedamos en la efervescencia de la ocasión sin aprovechar el empuje que la fecha puede proporcionar. Y muchas más veces tengo la sensación de que algunos acuden al DIM obligados, sin ganas, sin espíritu ni finalidad, solamente porque no se puede dejar de estar y porque en el amparo de la prodigalidad disimulan quienes solamente están aquí de paso.

Foto extraída de http://icom.museum/actividades/dia-internacional-de-los-museos/L/1/

Y eso me lleva a hacerme muchas preguntas y a animarte a que tú también te las hagas. ¿Tienes claro qué es lo que quieres para tu museo? O haces lo que siempre se ha hecho ¿Te has parado a reflexionar sobre la misión del museo, sobre por qué haces las cosas que haces? O simplemente te limitas a reproducir comportamientos que te parecen adecuados. ¿Te has abierto realmente al usuario? O solo te interesa saber su número. ¿Tu visitante conoce los servicios que presta el museo? O los das por conocidos y aceptados. ¿Te relacionas y trabajas con otros museos? O los ves como una competencia. ¿Has aprendido algo en estos años? O es que ya lo sabes todo.

Son tantas las preguntas que no nos hacemos, tantas las preocupaciones que no compartimos, tantas las cosas por hacer, los públicos por incluir, las barreras por derribar, los vicios que eliminar. Si todos tenemos claro que el museo es un espacio de encuentro y participación, que es un medio de intercambio cultural y de desarrollo social. Si es nuestra casa… ¿por qué no debatimos más y reflexionamos sobre el museo? ¿Te lo has planteado? ¿De verdad?

Cualquier día del año, no solo el 18 de mayo, hay muchos museos que hacen un gran trabajo y muchas actividades apasionantes con visitantes disfrutando en el museo. Pero si en tal día la noticia se reduce a que el museo es "gratis" y la actividad "excepcional" es que lo estamos pensando poco.