viernes, 6 de marzo de 2026

PROGRAMA, PROGRAMA, PROGRAMA

Quienes tenemos varias décadas de memoria electoral, o una cultura política por encima de la media, somos capaces de reconocer sin dudarlo la famosa proclama de “Programa, programa y programa” que Julio Anguita defendió mientras fue coordinador general de Izquierda Unida y del PCE. Su reduplicación le permitía apuntalar el criterio de que los acuerdos políticos o posturas de gobierno debían figurar en el correspondiente programa electoral. Este documento, por lo general, debía suponer un pacto entre el candidato y los ciudadanos.

Sin embargo, en la España actual, estos documentos se redactan de manera que el cumplimiento de ese contrato moral pueda ser alterado, demorado, interpretado o sustituido a conveniencia de la «parte contratante de la primera parte», con la consecuencia de que las medidas adoptadas serán irreconocibles al final de las legislaturas. Todo ello ocurre con la connivencia de los implicados, ya que los partidos políticos hacen esa redacción consciente y los electores somos condescendientes con los incumplimientos.

Por lo general nuestra manera de votar se limita a elegir la papeleta del color preferido y perpetuar una monolítica opción política. Si bien es cierto que hay gente que cambia de papeleta, tengo mis dudas de que en la mayoría de los casos la decisión vaya más allá de la visceralidad y me temo que no suele provenir de un análisis comparativo y crítico. He de confesar que yo peco algo de lo primero, pero también declaro que soy de los que se leen los programas de los partidos y tomo decisiones en consecuencia.


De este afán instructivo surgió en su momento la iniciativa de comparar en este blog las propuestas electorales relativas a cultura. Si buscáis hay un par de ejemplos de Valladolid y uno de Castilla y León para las elecciones de 2015. Y creo que se ha producido suficientes cambios como para lanzarme a un nuevo examen de la clave cultural para las elecciones inmediatas.

Hay que empezar diciendo que en este 2026 los problemas que encontraba hace once años para consultar los programas han desaparecido prácticamente. No solamente los partidos los publican con más o menos suficiente antelación sino que los difunden profusamente por las redes sociales. Es más, ahora existen iniciativas ciudadanas como Aldea Pucela, una comunidad vecinal online que a día de hoy cuenta con casi 6.000 miembros, que han construido un magnífico comparador de programas electorales en Castilla y León que permite explorar propuestas, comparar por temática o incluso cumplimentar un cuestionario de afinidad. La consulta está provincializada y su información se basa en las principales formaciones que se presentan que hayan publicado oficialmente un programa electoral. Mis felicitaciones a este espacio de encuentro participativo digital por hacerme fácil la búsqueda de las medidas que me interesaban para redactar esta entrada.

Pero no solo he recurrido a esta utilísima herramienta sino que me he leído la parte cultural de cada programa. A pesar de la disparidad en cuanto a las propuestas y la dificultad para analizarlas me he podido centrar en las del PP, PSOE, VOX, UPL, PODEMOS, SORIA ¡YA! y EN COMÚN.

El concepto de cultura de los partidos es muy dispar. Para empezar, se recurre muchísimo al uso del término cultura en el sentido de conjunto de conocimientos y pauta de comportamiento, sobre todo en aquellos partidos que son, por decirlo de algún modo, más excluyentes; de este modo el vocablo sirve para imponer límites de conducta y determinar el modo en que se concibe una determinada realidad social, lo que acaba condicionando todo el corpus político. Este uso sintomático de la palabra sirve también para estrechar los límites de las propuestas y es significativo cuando se refiere, precisamente, a la propia cultura (entendida como conjunto de modos de vida, costumbres, conocimientos, desarrollo artístico, científico, industrial, etc), ya que sirve para reivindicar tradiciones, espacios, hábitos particulares o manifestaciones patrimoniales muy concretas. En definitiva, la hegemonía cultural también se disputa en el lenguaje y es extensiva a todas las facetas de la vida cotidiana.

Existe también entre los programas un conflicto entre la consideración de la cultura como bien esencial y su apreciación como factor económico. La primera opción, que he defendido aquí en repetidas ocasiones, se expresa de manera evidente en el programa de EN COMÚN al entender la «cultura como derecho y no como negocio» y se intuye en las medidas que proponen PODEMOS y el PSOE, si bien este último pone el pie en ambas orillas al considerarla también un elemento de desarrollo económico. Por su parte, el PP es más dado a incidir en este aspecto de dinamización económica (la última legislatura es prueba de ello al insistir en el binomio cultura-turismo), mientras que los partidos regionalistas optan más por el factor identitario y reivindicativo de la cultura y VOX es más dado a la inmutabilidad de la tradición, más que a la versatilidad del cambio cultural.

En cuanto a medidas generales asistimos a la paulatina desaparición de conceptos bastante superados como el IVA cultural, o el mecenazgo, que han sido sustituidos por las ayudas y/o becas vertebradoras, la ruralidad, la generación de redes, el apoyo a colectivos sensibles, la promoción artística, la accesibilidad y la digitalización. En este cambio de dirección se puede observar una alineación hacia conceptos muy presentes en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pretendiendo quizá colocar a la cultura como un cuarto pilar, a añadir a la economía, a la inclusión social y al medio ambiente. Cada una de las propuestas electorales, a excepción de la de VOX, sigue esta orientación en mayor o menor medida, quizá porque sea inevitable en una sociedad moderna que haya cambios culturales en la educación, la igualdad de género, el consumo sostenible o la justicia.

En resumen, se pueden observar cuatro bloques programáticos, por decirlo de algún modo. El de los partidos de siempre, PSOE-PP, que mantienen una dinámica de décadas, trufada de algunas nuevas ideas y una cierta indolencia anclada en el resultadismo electoral. En línea parecida se encuentran los regionalistas SORIA ¡YA! y UPL, con una dinámica igualmente veterana pero embellecida con folclore. Le sigue el tándem PODEMOS-EN COMÚN, más situados en propuestas que apuestan por políticas culturales actuales pero cuyo atrevimiento puede buscarse en la seguridad que da la falta de expectativa ganadora. Para finalizar, encontramos a VOX con su brío alternativo y marginal, conservacionista y garantista, pero estabulado en una falta de discernimiento entre lo que es cultura y lo que es tradición.

En cuanto a medidas concretas no es este lugar para extenderse. Pero a nadie sorprenderá que la gran batalla y novedad programática de estas elecciones sea la tauromaquia. El resto sobre su promoción lo echan PP y VOX. El primero al manifestar que «merece nuestro reconocimiento y atención, como elemento constitutivo de la cultura española» y concediendo apoyo a las escuelas taurinas, al circuito regional de novilladas y las novilladas a caballo, a la Biblioteca Digital Taurina y el Portal de la Tauromaquia; cierto es que ya lo hace así que tampoco promete mucho. El segundo, VOX, apuesta también por medidas muy parecidas, eso sí con expresiones algo más imperiosas y contundentes. No decepcionan PODEMOS en este tema, al defender la «exclusión de la tauromaquia del catálogo de patrimonio cultural con el horizonte puesto en su abolición» y la eliminación o redirección de ayudas destinadas a la tauromaquia hacia políticas sociales, culturales y de bienestar animal, ni EN COMÚN al apostar por redefinir la política cultural eliminando subvenciones a la tauromaquia, para destinar estos recursos a «actividades culturales basadas en valores sociales compartidos». Por su parte al PSOE, SORIA ¡YA! y UPL se les ha debido olvidar la tauromaquia porque no figura, o yo no la he visto, en sus programas.

Para acabar, ofrezco una breve relación de mi valoración general de los programas culturales de cada partido, junto a las propuestas que me han parecido más fascinantes y una palabra clave que los define:

  • PP: su programa parece una réplica de la estructura orgánica de la consejería de cultura a la que han antepuesto palabras poco comprometedoras como apoyaremos, fomentaremos, impulsaremos, respaldaremos, favoreceremos, intensificaremos, etc. Vayan a verlo, es una epopeya de sinónimos; 1000 medidas, todas así. Quieren consolidar AR-PA a nivel europeo, lo cual es de celebrar porque ya lo estuvo y se dejó pasar. INMOVILISMO.
  • PSOE: como hemos visto se sitúa en una equidistancia entre el anquilosamiento y el afán de tocar medidas innovadoras, cosa que no suele resultar. Me sugestiona la medida de hacer salas de exposición dependientes de los museos provinciales; me encantará ver si lo consiguen. QUIEROYNOPUEDO.
  • VOX: un aquelarre de toros, coros y danzas, ferias de gastronomía y reposteros. Es un programa nacional que podría trasladarse casi sin retoques a cualquier otra región. Van a fortalecer el vínculo histórico que Castilla y León mantiene con el Museo Militar de Burgos, cuya competencia corresponde al Ministerio de Defensa; más allá de eso, la verdad, tampoco hay mucha propuesta cultural concreta. RÚSTICO.
  • UPL: muy proteccionista, se centra en la recuperación de tradiciones y valores etnográficos, pero la contrapartida es que solamente se preocupan de los leoneses. Sin que esto sea malo restringe su electorado y manda el mensaje de una cultura excluyente más que integradora. Lo de la creación de sedes regionales de museos nacionales es hacer un bucle al bucle del nacionalismo e imposible de conseguir; miren a ver cuántas se han hecho en los últimos 50 años. SUFICIENCIA.
  • PODEMOS: a priori presenta una buena batería de iniciativas concretas de política cultural, pero en su mayor parte imposibles de conseguir a corto plazo o en una sola legislatura. Me parece un programa muy sensato. La medida que me ha llegado al corazón es la de dotar a los Departamentos de Educación y Acción Cultural de los nueve museos provinciales de partida presupuestaria y personal necesario fijo y en plantilla para que puedan ocuparse del Área de difusión y sus funciones específicas. ENSUEÑO.
  • SORIA ¡YA!: programa muy similar al de UPL muy interesante en cuanto a museos, pero el problema es que la mayoría son estatales y deben recabar el permiso del estado para todo lo que quieren hacer. La idea de que se asuma su competencia es una trampa que nadie parece querer advertir; no creo que llegue, pero todo es posible. AUTOCOMPLACENCIA.
  • EN COMÚN: me parece un poco escaso, si bien las medidas que propone parecen acertadas y destinadas a crear una estructura cultural sólida. La mejor propuesta es la definición de la cultural como derecho. Dicen expresamente que suprimirán la Fundación Siglo; ¡olé tus…! CALZÓNQUITAO.

Diógenes Laercio expresó que «La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad». A las próximas elecciones ¿iremos adornados o seremos refugiados?

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